Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

¿La historia de la Torre de Babel es literal o simbólica?

Torre deBabel ego humano

La Torre de Babel es un ejemplo del ego humano que crece tanto que nos cierra los oídos y nos impide comprendernos. Tal y como dice esa historia, ese estado puede llevar al mundo, una vez más, al borde de la guerra. “Allí, la mitad del mundo cayó por la espada”, afirma el Midrash. Con todo el poderoso y sofisticado arsenal que se ha desarrollado, ¿quién sabe qué podría ocurrir hoy? Lo que puede salvarnos de nosotros mismos, es la sabiduría de la conexión, arraigada en el corazón del pueblo de Israel.

En el rompecabezas de la humanidad, cada persona y nación tiene su propia función. El pueblo de Israel, desde su formación, lleva consigo un método para vivir en conexión, por encima de las diferencias y el rechazo que surge entre las personas. Lo conseguimos al pie del Monte Sinaí y es la esencia misma de la Torá. La palabra «montaña» en hebreo (Har) significa pensamientos (Hirhurim) y Sinaí proviene de la palabra que significa odio (Sináh). Torá se conecta con dos palabras: Orh (luz) y Horáah (instrucción); es decir, contiene la instrucción de la Luz —la fuerza superior de amor, otorgamiento y conexión—, el método para superar las diferencias y divisiones y cubrirlas con amor.

“Reciban la Torá”, se nos dijo, “o este será su lugar de sepultura”. En otras palabras, aprendes a conectar positivamente atrayendo la fuerza de amor y otorgamiento a tus conexiones o tu ego te enterrará. Nuestros antepasados acordaron conectarse «como un hombre con un corazón» y ser garantes unos de otros, en consecuencia, recibieron un método de conexión que debían implementar en las situaciones que se revelarían más adelante.

Entre esas situaciones se encuentra la que se nos presenta hoy, cuando vemos a la humanidad acercarse a un punto decisivo: o aprendemos a conectarnos positivamente o nos hundiremos todos juntos. Por eso, la era actual es propicia para la expansión del método de conexión de la humanidad. A medida que la humanidad se conecta superficialmente, gracias a los medios tecnológicos y económicos, pero sin mejorar su actitud interna hacia esa conexión, se vuelve más urgente buscar una conexión interna positiva, especialmente con las armas, cada vez más avanzadas que se desarrollan continuamente.

Cuando el odio infundado nos dominó, llegó la ruina. La Tierra de Israel nos escupió y nos fuimos al exilio entre las naciones del mundo. Dos mil años después, hemos sido traídos de vuelta a la Tierra de Israel para construir una sociedad modelo que ilumine el mundo.

Por eso, hasta que no demos ejemplo de vivir en armonía, con amor por encima de los desacuerdos y del profundo rechazo que sentimos, no se nos permitirá vivir tranquilos aquí. El mundo se alzará contra nosotros con cada vez mayor ferocidad, quiere borrarnos del mapa. Si reconocemos nuestra misión original y usamos el método de conexión que desapareció hace mucho tiempo, podremos guiar a la humanidad a existir como un todo, como una familia, como los órganos de un cuerpo. Es hacia donde las fuerzas evolutivas nos están impulsando, como lo demuestra, día a día, la realidad interconectada.

La Sabiduría de la Cabalá, que es la esencia misma de la Torá, describe el proceso en detalle. Estuvo oculta por generaciones, se transmitió de generación en generación entre unos pocos individuos elegidos, pero hoy se abre y literalmente, invita al que desee usarla, es decir, al que desee descubrir el sentido de la vida y el remedio contra las fuerzas egoístas que nos desgarran.

El primero en descubrir al público la Sabiduría de la Cabalá fue Abraham, un sabio investigador de Babilonia que buscaba comprender qué sucedía con los seres humanos. En su época, el ego experimentó un auge importante, como lo sugiere la historia de la Torre de Babel. La gente anhelaba ascender a los cielos para gobernar toda la creación.

Cuando surgieron fricciones, malentendidos y el clamor de la guerra, Abraham intentó explicar que era un camino de desarrollo incorrecto. La naturaleza es un mecanismo integral y unido y nosotros también debemos aprender a vivir en integración, unidad y complementariedad. La mayoría de la gente desestimó a Abraham y sus enseñanzas, pero hubo quienes percibieron la verdad en sus palabras. Abraham les enseñó un método para elevarse por encima de la naturaleza egoísta humana, para construirse ellos mismos como un sistema unido y gracias a la conexión, descubrir la fuerza única y consolidada de la naturaleza.

Su comunidad de estudiantes se contaba por miles y se les llamó “pueblo de la casa de Abraham”. Posteriormente y a partir de ellos, se formó el pueblo de Israel, como lo describe Maimónides en Sefer HaMada (Libro del Conocimiento). Por eso, somos una nación distinta a las demás. No tenemos raíces biológicas, pero compartimos una base ideológica. Inicialmente, éramos un grupo de extranjeros de diversas naciones y tribus que vivían en aquellos tiempos en Mesopotamia, la cuna de la humanidad. Nos reunimos como grupo ideológico con el propósito de vivir según el principio de «ama a tu prójimo como a ti mismo», para conectar con la fuerza única de la naturaleza, cuya cualidad es amor absoluto y otorgamiento.

En tiempos actuales, el círculo se acerca a su fin. La humanidad nuevamente pareciera estar confinada en un solo lugar. El ego humano está por las nubes, nos impide conectarnos y comprendernos positivamente. La única fuerza que puede evitar la destrucción del planeta, es esa fuerza oculta de la naturaleza. En los niveles: inanimado, vegetal y animal de la naturaleza, esta fuerza opera automáticamente, equilibra de forma instintiva y natural el más y el menos, el calor y el frío, etc. Pero, en la sociedad humana, se necesita ser despertada con acciones, autoexamen, conciencia y reconocimiento. Es lo que diferencia a los humanos de los animales.

El método para lograrlo se detalla en la sabiduría de la conexión, es decir, la sabiduría de la Cabalá y llegó el momento de ponerla en práctica. Israel, un país que, a cada momento, se examina minuciosamente, es el lugar que necesita dar ejemplo de vida en plena integración, en conexión en la fuerza de amor, por encima del ego masivo. Desde aquí, se extenderá muy rápido y ayudará a la humanidad a ascender a su siguiente nivel de existencia, uno donde vivamos en apoyo mutuo, en aliento, consideración y amor: un mundo superior, iluminado y maravilloso, más allá de nuestros estrechos límites actuales de percepción.

Así que hay esperanza, trabajo y un método. ¡Que tengamos éxito! 

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