
Vivir sólo para ti, no resuelve nada. ¿Qué sucederá? si cada uno vive sólo para sí mismo. Moriremos y todos olvidaremos a todos. Así es este mundo. Una generación recuerda, la siguiente olvida, después, no queda nada de la persona.
La conclusión es que no podemos vivir ni para nosotros mismos ni para los demás, porque todos somos mortales y estamos destinados a perecer. El único lugar donde realmente podemos vivir es en nuestra conexión con la fuerza original de la vida, la misma fuerza de amor, generosidad y conexión que nos creó y nos sostiene.
Para eso vivimos. No para ser recordados ni para recibir elogios ni para acumular un legado terrenal, sino para usar todo lo que nos rodea como medio para acercarnos a la fuerza original de la vida. Por eso, para elevarnos a otro nivel de existencia donde, realmente podamos vivir y sentir la sensación de una vida eterna y perfecta, no debemos vivir «en» los demás, sino «a través» de ellos, porque así nos conectamos con la fuerza eterna y perfecta de amor y generosidad. Si bien el cuerpo es temporal, incluso la gente por la que podemos desarrollar afecto es transitoria, el acto de cuidarla nos conecta con la eternidad y la perfección. Los demás y el mundo son un campo en el que operamos y con esa actividad nos acercamos a la fuerza eterna y perfecta de amor, generosidad y conexión.
Todo en este mundo es fugaz, excepto la creciente cercanía con la fuerza fuente de la vida. ¿Qué es acercarse a esa fuerza? Es entrar en estado de cuidado constante por los demás, sentir responsabilidad mutua, amor y cualidades eternas, para que en lugar de vivir para nosotros, nos olvidemos de nosotros mismos y pensemos sólo en los demás.
Si pudiéramos olvidarnos por completo de nosotros y pensar sólo en los demás, sin cálculos ni pensamientos de «¿qué obtendré?», en ese instante, entramos en la eternidad. Así, nuestra recompensa será la sensación de eternidad, vivida en el amor hacia el otro.
Y no es fantasía. Cuando vivimos en nuestro interior, no podemos sentir eternidad Al dirigirnos a los demás, la sensación de eternidad se abrirá. Sentiremos que el tiempo desaparece y que sólo tenemos la sensación de vivir en el otro.
¿Y cuál es la fuerza de amor, entrega y conexión? Es la fuerza de total cuidado por otros, de amor puro e incondicional. Todo lo que nos rodea, incluyendo las situaciones más trágicas de guerra, enfermedad y diversas formas de sufrimiento, nos son dadas para llevarnos a esa consciencia. Sin el contraste de la inclinación al mal, es decir, el cálculo egoísta de desear vivir sólo para uno mismo, a expensas de los demás y de la naturaleza, no podríamos sentir la bondad. Sin oscuridad y sufrimiento, no podemos sentir luz ni placer.
Por eso, necesitamos los estados egoístas y negativos, para poder sentir que la bondad los supera. Ésta es la tarea del ser humano: elevarse por encima de todo mal, del sufrimiento y del ego, al hacerlo, descubrirá bondad, eternidad y perfección en la naturaleza, es decir, la fuerza fuente de amor, otorgamiento y conexión.



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