
La respuesta a esta pregunta es: la vida es mucho más compleja de lo que podemos resolver sólo con dinero. Mientras más poseemos, más preocupaciones tenemos. Por eso, si deseamos tener seguridad en la vida, necesitamos comprender qué está más allá de lo que podemos obtener con dinero.
No tener dinero es uno de los mayores temores. Lo cierto es que no depende de la cantidad de dinero que tenemos en nuestra cuenta bancaria. Es más bien cuestión psicológica.
Si fuera posible que la sociedad se preocupara por el bienestar de todos, por rodearnos de calidez y amor como una madre, podríamos garantizar una vida de calma, serenidad, desarrollo y crecimiento. Pues, somos seres sociales y recibimos la influencia del ambiente que nos rodea.
Con esta elevada imagen, descendemos a la cruda realidad. Antes no había seguro médico, hoy es la norma. Todos somos miembros de un fondo de salud, con derecho a servicios, medicina y médicos. De igual forma, valdría la pena asegurar que nadie pase hambre ni le falte nada básico para su supervivencia.
Imaginemos que todos tuviéramos la certeza de que, pase lo que pase, siempre habría una canasta básica de alimentos y bienes, ¿qué ansiedades o temores tendríamos?
Si decidiéramos hacerlo juntos, el espíritu de la gente cambiaría. Sería la prueba de que, a pesar de todo, nos sentimos parte de una familia. Las brechas económicas que hoy vemos, son completamente incompatibles con el espíritu de nuestra gente y demuestran que nos hemos desarrollado en la dirección equivocada. La garantía y el apoyo mutuo y los actos de bondad son los valores originales que nos forjaron como nación.
Además, en el ámbito de la vivienda hay mucho por hacer, siempre que haya deseo de conexión y complementariedad. Por ejemplo, los apartamentos vacíos, aquellos comprados como inversión por personas que tal vez vivan en el extranjero, podrían ofrecer una solución temporal a quienes no pueden pagar. El Estado se encargaría de su renovación tras su uso, para garantizar que no pierdan valor, mientras tanto, buscaría soluciones permanentes para la crisis de vivienda.
Estas medidas conjuntas en materia de alimentación y vivienda, eliminarían la ansiedad por la supervivencia. De hecho, este enfoque supone una revolución en la percepción: una revolución en las relaciones, en la conexión entre el individuo y la sociedad.
Cuando comprendamos que no hay elección y que necesitaremos promover el cuidado mutuo en toda la sociedad, se requerirá un proceso previo de explicación amplia o más precisamente, de desarrollo cultural y educativo en toda la sociedad. En los medios de comunicación, en las instituciones educativas y culturales, en los lugares de trabajo, en los centros comunitarios y vecinales y en cada lugar y rincón, será necesario dedicar tiempo de calidad al desarrollo de una nueva percepción de las relaciones. Y afectará la vida diaria y será como la actividad física que se convierte en parte de la rutina. Habrá nuevas relaciones en el hogar, el trabajo, la sociedad y el estado.
Todo comienza cuando comprendamos que el mundo del mañana debe estar conectado, las señales son evidentes en todas partes. Día tras día, la conexión entre todos crece, al igual que la dependencia mutua. Cada acción de alguien sacude el barco en el que todos nos encontramos y amenaza con hundirlo. En esas condiciones, si no hay consideración ni cooperación, no tendremos futuro ni esperanza. Nadie se beneficiará de lo que tiene en el banco, cuando estemos en el ojo del huracán.
La naturaleza que nos rodea funciona como un sistema cerrado, integral y circular. Los niveles: inanimado, vegetal y animal de la naturaleza, crean un tejido maravilloso y la vida se desarrolla en conexión y complementariedad entre los opuestos. En la sociedad humana, por el contrario, la naturaleza no crea armonía por sí sola, nosotros mismos necesitamos desearla y construirla.
El dinero, por definición, simboliza la capacidad de cubrir nuestras necesidades. En una realidad de dependencia recíproca, mediremos esta capacidad según el nivel de cuidado mutuo. La conexión humana positiva permitirá satisfacer las necesidades de todos y la cobertura será verdaderamente emocional y cálida. ¿De qué sirven todos esos dólares? ¿alguien sabe qué pasará con ellos mañana? ¿y si estalla una gran guerra o si una crisis económica acaba con todo lo que tenemos? Vivimos constantemente con miedo y la seguridad verdadera, sólo viene del apoyo que nos damos unos a otros.
La sensación de estar juntos en un solo estado, de que somos garantes unos de otros, como en el ejército, nos da mayor seguridad.
Imaginen lo que podríamos ahorrar si compartiéramos los excedentes, si no tuviéramos que invertir tanto en luchar y en la defensa de la sociedad, si todos sintieran que la sociedad es una familia y pensaran constantemente en mejorarla.
Una buena conexión, con garantía mutua, nos ayudará a ahorrar mucho, a evitar el desperdicio y a encontrar recursos adicionales. Cuando la gente se sienta conectada, comenzarán a prestar más atención a su entorno. Ahorraríamos en muchos aspectos de la vida: energía, electricidad y agua y otros servicios. Con la mejora de las conexiones humanas, disminuirán los gastos de salud, de policía, de supervisión, de fuerzas del orden, etc. En todos los ámbitos de la vida podremos salir adelante.
Además, más allá de lo mencionado, la unidad tiene un poder innato. Porque cuando nos conectamos de corazón a corazón, nos alineamos con la unidad que reside en la naturaleza que nos rodea. En el sistema de conexión integral que construyamos fluirá la fuerza única que está en la base de la naturaleza. Es una fuerza que influye positivamente, da vida a toda la creación, revela fuentes adicionales de abundancia y energía y, permite el crecimiento.
Conexión, calidez, amor y apoyo reemplazarán el miedo.



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