
La enfermedad del alma tiene mucho más desafío que la enfermedad física pues, es la raíz de todas las enfermedades, de todas y cada una. Si logramos la actitud correcta hacia el mundo, es decir, amor, cuidado y entrega absolutos, que nos equilibre con las leyes de la naturaleza, podríamos sumergirnos en agua helada durante horas y salir totalmente ilesos.
Alcanzar este estado no es cuestión de practicar técnicas orientales. Si bien esos métodos ayudan a conectarnos con la naturaleza y a encontrar cierta unidad entre nuestro mundo interior y el entorno, ya no son adecuados para quienes viven en el mundo moderno actual, con nuestro ego desmesurado -deseo inmenso de disfrutar a costa de los demás. Estos enfoques fueron eficientes en una época en la que la humanidad funcionaba a un nivel más primitivo, estrechamente ligada a los niveles: inanimado, vegetal y animal de la naturaleza. Pero evolucionamos a un ritmo extraordinario, en esos niveles, quedó atrás la capacidad de calmarnos para alcanzar un estado de equilibrio.
Con el tiempo, nos hemos distanciado cada vez más, nos sentimos por encima de la naturaleza y construimos sistemas artificiales de vida. Esta separación comenzó hace miles de años, pero se aceleró de forma importante durante la Edad Media, especialmente, en los últimos 300 o 400 años. El resultado es una serie de problemas psicológicos, físicos y sociales.
Por un lado, intentamos compensar este distanciamiento con ciencia y tecnología, intentamos resolver los problemas mecánicamente. Por otro lado, ya no podemos vivir en armonía con la naturaleza como lo hacen los animales. Traspasamos sus límites y ya no somos parte integral de ella. En su lugar, intentamos dominarla, reprimirla y controlarla y ese enfoque nos lleva a un sufrimiento cada vez mayor.
Si bien, por necesidad debemos seguir tratando las enfermedades físicas que surgen constantemente, pero debemos combinarlo aprendiendo a estar en estado de complementariedad con la naturaleza, es decir, sanar el alma. Esa es la clave fundamental para lograr equilibrio con la naturaleza y superar la enfermedad interna que aqueja a la humanidad y que conduce a todas las enfermedades que percibimos a nivel físico.



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