
Mucha gente, deliberadamente, elige sufrir, cree que gracias al dolor se volverá más espiritual. Es un error. El sufrimiento en sí, no nos eleva.
¿Qué es «no sufrir»? Es entender claramente que nuestro sufrimiento ayuda a alguien más, es decir, que facilita su corrección, crecimiento y vida, así ese sufrimiento puede tener sentido. Por otro lado, si sólo existe en nuestra imaginación, es autoengaño.
El punto crucial es que el significado del sufrimiento nunca es la persona en sí. Siempre son los demás. Si nuestra resistencia, lucha y persistencia, sirven como ejemplo que fortalece a otros, les da esperanza o les ayuda a ascender, tiene un propósito.
Además, el dolor corporal no necesariamente implica sufrimiento. Si nos entregamos al destino, a lo planeado en la creación, aceptamos lo que encontramos, incluyendo enfermedad, dolor y dificultades. Aceptamos la necesidad de nuestra experiencia y entendemos que viene de una fuente única, como parte del desarrollo del pensamiento de la creación.
¿Y qué sucede con el sufrimiento? Aceptarlo nos da tranquilidad interior. Dejamos de luchar contra la realidad, reconocemos nuestro destino, aceptamos el gobierno superior y entendemos que nuestra experiencia es precisa y tiene un propósito. El aceptarlo actúa como analgésico.



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