
La verdadera felicidad surge de la conexión real entre la gente. Pero ¿qué es la verdadera conexión? Cuando hablamos de conexión real, no basta con que cada uno venga con su propio «pedazo de barro» y diga: «Yo también tengo algo, construyamos una casa juntos». Eso no funcionará. A ese barro le falta algo esencial. Le falta la conexión interna entre todas las piezas, es decir, entre los corazones.
Cuando surge una conexión interna, cuando los corazones se fusionan, regresamos al estado llamado Adam, el estado de semejanza (Adam de la palabra Domeh, que en hebreo significa «similar») con la fuerza superior de la naturaleza, la fuerza de amor y otorgamiento puros. Este es el estado del alma única, omnipresente y eterna, más allá de la percepción del estado fragmentado que conocemos como este mundo. Nuestra existencia en este mundo surgió cuando nos fragmentamos y caímos de nuestro estado de alma única, nos dividimos en miles de millones de fragmentos diminutos. Al lograr una conexión real, nos realineamos con la fuerza superior de amor y otorgamiento, participamos con la fuerza original en la creación de un mundo perfecto.
La intención pura de la fuerza superior de dar y amar es única y cuando compartimos esa intención, nos fusionamos en una sola alma. Todas las almas se funden en una. Ese era nuestro estado original, más tarde, esta unidad se rompió y sus fragmentos cayeron en nuestro mundo. Ahora, nuestra tarea es regresar a ese estado original. Es lo que significa «ensamblar las piezas de arcilla». No es cooperación externa, sino fusión interna, conexión, unidad y liga de corazones en uno.
Ese es el material del que se puede moldear la felicidad. Sólo así surge la felicidad verdadera. No es el placer fugaz que solemos llamar felicidad, sino lo que la fuerza superior planeó originalmente para nosotros. Dentro de la intención original para nuestra creación está el deseo de que sintamos felicidad verdadera.
Para la fuerza superior, felicidad es la conexión de todos en un solo deseo, donde no existe separación ni ruptura. Cuando logramos ese estado, sentimos la felicidad en su máxima expresión.



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