
¿De dónde viene la sensación de dolor? ¿cuál es su función? ¿cuál es la diferencia entre el dolor hoy y en el pasado? ¿podemos hacer algo para asegurar que mañana haya menos dolor?
La sustancia básica de la que está hecho todo objeto en la naturaleza, es el deseo de recibir placer y deleite, también llamada «deseo de disfrutar» y «deseo de vivir mejor». Este deseo nos impulsa a alejarnos del sufrimiento y a acercarnos a lo que parece más favorable. Mientras más desarrollado esté el deseo de disfrutar en la criatura, más avanzados serán los sistemas que construirá para garantizar su bienestar y estado.
El sistema nervioso es uno de estos sistemas. Es multifacético, tiene muchos niveles y se conecta con otros sistemas. Por ejemplo, si nuestro estado de ánimo cambia, podríamos no sentir dolor. Además, a veces el sistema nervioso puede programarse para que un determinado estímulo no provoque dolor, incluso pueda sentirse placentero.
En general, el dolor nos protege. Si no sintiéramos dolor, no percibiríamos lo que ocurre en el cuerpo. Por ejemplo, si ponemos la mano en el fuego sin sentir dolor, nos dañamos mucho más que si lo sintiéramos. De igual forma, una enfermedad podría desarrollarse y sin dolor, no seríamos conscientes de ella ni buscaríamos tratamiento. Cuando algo duele, la naturaleza indica una disfunción.
El dolor se extiende en muchos niveles y a veces, es difícil distinguirlo, puede ser físico, emocional o espiritual; puede ser dolor del pasado o del futuro o, dolor interno o de alguien a quien amamos u odiamos. En consecuencia, el dolor trasciende los límites del propio cuerpo y viene de sistemas externos a los que estamos conectados. La naturaleza de nuestra conexión con esos sistemas, determina lo que sentiremos en cada ocasión, desde dolor hasta alegría. Por ejemplo, una madre siente dolor cuando sus hijos sufren.
Desde la perspectiva del deseo de recibir, deseo de disfrutar, todo se reduce a una simple ecuación: cuando está satisfecho, se siente bien y cuando está vacío, siente dolor. Por supuesto, hay varios grados dentro de esta configuración.
Otro punto importante por entender es que, el dolor comienza en estados donde nos sentimos a nosotros mismos. Para ilustrarlo, imaginemos que estamos sentados. ¿Cuándo es cómodo estar sentado? Cuando nada nos presiona demasiado. Sentimos el cuerpo limitado por la silla y nos da una clara sensación de realidad. Pero si la presión de la silla cruza esa delgada línea, sentimos incomodidad. De igual forma, cada sentido tiene su propio rango, dentro del cual nos sentimos bien. Por debajo de ese umbral, no lo sentimos en absoluto y por encima, lo sentimos excesivo. Sentir dolor, es el indicio de que traspasamos ese rango.
Por cierto, algo similar puede observarse en las relaciones: las parejas no pueden vivir sin discutir ni sentir dolor ocasionalmente. Necesitan percibir los límites, ver dónde se solapan y dónde aún necesitan correcciones.
Las historietas, obras de teatro y películas que se han creado a lo largo de las generaciones, en gran medida han mostrado dolor y sensaciones desagradables. Gracias al dolor percibimos el mundo, pues la base de la creación es la carencia, el dolor, el deseo de plenitud. Como ya señalamos, el deseo de disfrutar está en nosotros y su principal preocupación es no estar vacíos, es decir, no sentir dolor ni sufrimiento. El dolor, en una situación determinada, lo impulsa a desarrollarse, a cambiar, a avanzar hacia un estado mejor.
Desde una perspectiva más amplia, vivimos en una época especial, donde la naturaleza misma del dolor está cambiando. Se puede decir que hasta el siglo XX, nos desarrollamos individualmente, cada uno sentía su propio dolor. A partir de mediados del siglo XX, comenzamos a descubrir que estamos conectados en un sistema único y no sólo por comercio, economía, cultura e industria que convirtieron al mundo en una aldea global, ni sólo por la ampliación de esta tendencia gracias al internet y los medios de comunicación. Desde dentro, comenzó a revelarse algo que unía a todos los seres humanos. Paralelamente, comenzó a surgir, cada vez más dolor, preocupación, miedo, ansiedad y depresión. Si en siglos pasados estos pertenecían a las élites, hoy se sienten en toda la humanidad. Nuestros innumerables dolores se han vuelto cada vez más contagiosos, circulan entre todos. El mundo nos proyecta películas malas, nos lanza a todo tipo de estados y es imposible cortar la conexión, cerrar las persianas. Nos penetra, lo queramos o no.
¿Qué podemos hacer al respecto? Según el enfoque integral de la educación, los dolores de hoy, en realidad, son dolores de parto. Un nuevo mundo está a punto de nacer y nos renovaremos en él. El sufrimiento que sentimos hoy, se debe a que rechazamos la conexión de complementariedad, reciprocidad y relaciones humanas cálidas y amorosas. El conflicto entre la dirección del desarrollo integral y la tendencia egoísta, que también se está intensificando enormemente, es la raíz de todas las crisis.
Eventualmente, la naturaleza obligará a la humanidad a funcionar como órganos de un solo cuerpo, a complementarse mutuamente. Cuanto antes comprendamos esta idea y construyamos conexiones integrales, antes eliminaremos las barreras que nos bloquean. Entonces y sólo entonces, los dolores desaparecerán de raíz y en su lugar surgirán nuevas satisfacciones: salud, alegría y sentido, placer y deleite supremos.



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