
Se dice que el pensamiento puede influir en la curación del cuerpo. ¿Cuál es el poder del pensamiento? ¿cómo funciona exactamente? ¿qué puede potenciarlo?
Como especie humana, hemos evolucionado durante generaciones y nuestro principal desarrollo se ha basado, principalmente en el poder del pensamiento. Esta es la fuerza que nos sacó del mundo animal y nos convirtió en seres inteligentes.
El poder del pensamiento desempeña un papel fundamental en crear equilibrio en nosotros. El equilibrio es, en esencia, un estado en el que podemos entender nuestros deseos. El pensamiento examina todos nuestros deseos, los clasifica y nos ayuda a comprender cuáles debemos satisfacer ahora, cuáles dejar para más adelante y cuáles es mejor olvidar.
Por un lado, podemos decir que nuestro «yo» son nuestros deseos y el poder del pensamiento está a su servicio; es decir, funciona como mecanismo de cálculo para ayudarnos a organizar nuestros deseos y su satisfacción. En este sentido, el pensamiento es el fruto del deseo y nos ayuda a comprender cómo usarlo mejor.
Por un lado, al persistir en el pensamiento, podemos aumentar nuestro deseo por algo y reducir el deseo por otra cosa. Por ejemplo, así podemos convencernos de dejar de fumar. Si tenemos ganas de fumar, podemos multiplicar nuestros pensamientos sobre los posibles daños que conlleva, al hacerlo, neutralizamos el deseo de fumar. En materia de salud y enfermedad, los pensamientos positivos pueden despertar en nosotros fuerzas que nos elevan de cualquier estado y nos sanan física y mentalmente. Por el contrario, los pensamientos negativos traen dolor y enfermedad e incluso, la muerte, la desaparición del deseo de vivir. El poder persistente del pensamiento, puede revitalizarnos o hundirnos.
Es importante recordar que somos seres sociales y que la sociedad tiene una gran influencia. Dicha influencia puede contener pensamientos buenos o malos, denominados respectivamente «buen ojo» y «mal de ojo». Al desarrollar el poder del pensamiento, los seres humanos pueden ampliar los límites de la percepción, descubrir las fuerzas que rigen el sistema de la naturaleza y a través de ellas, obtener control sobre lo que sucede a todos los niveles. El poder del pensamiento es un poder de control sobre nosotros mismos, sobre os demás y la naturaleza.
Una mirada a la historia nos muestra que mientras más se desarrolla el mundo, más interconectado e interdependiente se vuelve. Es decir, que, de los demás, absorbemos innumerables deseos y pensamientos. Los medios, los sistemas de comunicación y las redes sociales nos presionan desde todos los ángulos, transmiten mensajes directos a nuestra mente y corazón, como ondas de radio que llegan a todas partes. El problema con muchos de los mensajes que recibimos es que, imponen los deseos de quienes los comunican y a menudo, éstos sólo buscan beneficio propio y no el de quienes los reciben.
En consecuencia, entramos en un torbellino de confusión. Terminamos sin saber qué queremos realmente, ni qué pensaremos al instante siguiente. Nos cuesta distinguir entre lo necesario y lo innecesario y en general, no sabemos organizar nuestra vida ni tomar decisiones. En cierto punto, surge el deseo de escapar y desconectarse de todo y muchas personas se retraen en un nicho, intentando huir del torrente de influencias sobre las que no tienen control.
Esta situación empeora año tras año. La incapacidad de mantener equilibrio, crea problemas en todas las áreas de la vida. Por eso, hay necesidad creciente de sanar a la sociedad, es decir, tener capacidad de mantener equilibrio y control mental y emocional dentro de las condiciones de nuestra realidad actual. El enfoque integral de la educación nos enseña a generar un cambio significativo hacia la sanación social, dentro de un entorno grupal. Al trabajar en grupos pequeños, de unos diez participantes cada uno, aprendemos sobre la naturaleza humana, la naturaleza del mundo y la dirección general de la evolución.
El ser humano, la sociedad y la naturaleza son un todo único y la ley general de desarrollo de la naturaleza nos impulsa a comprender que somos como células y órganos en un solo cuerpo, funcionamos en complementariedad, conexión y mutualidad. En la naturaleza, la integración se produce por sí sola y desarrolla la red de la vida. Sin embargo, en la sociedad humana, debemos hacerlo nosotros mismos, debemos desarrollar el poder del pensamiento: examinar, aclarar, comprender y decidir juntos que, en una realidad conectada, los juegos del ego y las luchas de poder ya son cosa del pasado y es probable que acaben hundiendo el buque en el que todos navegamos.
El mundo del mañana sólo puede ser un mundo conectado y debemos adaptarnos a él. Por eso, deberíamos comenzar a trabajar para mejorar nuestro enfoque integral hacia nosotros mismos y hacia el mundo, de modo que el creciente desajuste entre el creciente ego humano y la interdependencia que nos encierra, no conduzca al colapso total.
El enfoque integral de la educación implica, tanto un aspecto teórico, es decir, aprender que la humanidad está en una nueva etapa evolutiva integral, como un aspecto práctico para crear integración y conexión entre los participantes: un vínculo profundo a nivel de deseos y pensamiento. Los participantes del enfoque educativo integral se ayudan mutuamente a desarrollar una actitud equilibrada ante lo que surge en la vida, se ayudan mutuamente a ordenar sus deseos y a decidir en qué vale la pena enfocarse y qué descartar.
Por eso, el enfoque educativo integral crea un ambiente de apoyo, calidez y amor entre sus participantes, que les permite encontrar y mantener su equilibrio. El grupo actúa como el Arca de Noé en medio de la tormenta, protege a sus miembros de influencias negativas. Gradualmente, los bloqueos internos se abren, las restricciones se liberan, los malos pensamientos se desvanecen e incluso el cuerpo se depura de toxinas y llegamos a la realización plena de nuestra vida como seres humanos, sanos y felices. Así, entendemos que, al desarrollar actitudes positivas, de apoyo, aliento y cariño mutuo, podemos crear un mundo nuevo, uno de armonía y paz.



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