Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

6 ejemplos de la sabiduría china antigua y por qué siguen siendo relevantes hoy

sabiduría china cabalá
Imagen generada con Canva IA

Uno de mis estudiantes me trajo varios dichos y proverbios de la sabiduría china antigua, me pidió una respuesta desde la perspectiva de la sabiduría de la Cabalá. Aquí, algunos ejemplos:

1.- Ve siempre el lado brillante de las cosas. Y si no lo hay, pule las oscuras hasta que brillen.

La Luz Superior, cualidad suprema constante de amor y otorgamiento, está detrás de todo lo que existe en el mundo. Allí donde parece haber oscuridad, debemos “pulirnos” hasta que el fenómeno comience a brillar. Pues dentro de cada fenómeno está la Luz Superior.

“Pulirnos” es comprender que no hay oscuridad, sólo existe la Luz. Si borramos nuestra cualidad egoísta —que actúa en dirección contraria a la Luz Superior y busca sólo recibir—, veremos que el mundo que nos rodea, está formado de la Luz simple y suprema.

2.- El truco de la vida es morir joven, pero lo más tarde posible.

Es correcto, porque ser joven significa seguir avanzando. La juventud no depende de los años. Podemos vivir doscientos años y seguir jovenetes o estar secos y envejecidos a los veinte.

Depende de qué esperamos. Si anhelamos alcanzar el sentido de la vida, siempre seremos jóvenes. Eso es lo más importante. Depende del individuo y de la sociedad que la rodea. Pero nunca debemos permitirnos secarnos.

Mi maestro, el cabalista Baruj Shalom HaLevi Ashlag (Rabash), fue apodado “El Corredor”. Aunque había cuarenta años de diferencia entre nosotros —él nació en 1906 y yo en 1946—, yo parecía muy viejo a su lado. Era increíblemente fuerte, poderoso, enérgico y siempre avanzando. Por eso, en realidad, siempre fue joven.

3.- La tentación de rendirse será especialmente fuerte, justo antes de la victoria.

Así sucede siempre. Cuando estamos a punto de alcanzar la meta, surge una extraña debilidad. Comenzamos a cuestionar por qué nos esforzamos tanto, qué sentido tiene y nos sentimos cansados, no podemos ver el valor de lo que estamos buscando.

En ese momento debemos comprender que nuestro deseo de alcanzar la meta está siendo puesto a prueba. Para lograrla, necesitamos añadir algo nuevo: una aspiración aún mayor, más impulso, pasión e importancia de la meta. Al hacerlo, finalmente la alcanzamos. Es como si, en la práctica, estuviéramos cerca de ella, pero aparece ante nosotros una montaña ilusoria. Por eso, en ese instante, debemos aumentar la importancia, subir y pelear contra la montaña.

Aunque parezca que queremos tirar la toalla, podemos movilizar fuerzas internas, incrementar la importancia de la meta. Como los corredores que, en el último tramo de la carrera, sienten que sus fuerzas se desvanecen y deben activar una nueva reserva, un “segundo aire”. Aprender a hacerlo es parte del trabajo espiritual: examinar nuestro deseo genuino. Si atravesamos ese obstáculo, triunfamos.

4.- Un amigo sin defectos no existe. Si buscas los defectos, acabarás sin amigos.

Es totalmente cierto. Debemos comprenderlo y amar al amigo con sus defectos. Incluso si esos defectos parecen estar en él, en realidad están en nosotros.

Cuando vemos a un amigo, nos vemos a nosotros mismos. Los defectos que vemos en él, están dentro de nosotros. Pero, solemos hacer lo contrario: criticamos al mundo que nos rodea, aunque en verdad, todo debe percibirse dentro de uno mismo. Es un trabajo interior difícil, pero conduce a una visión más precisa de la realidad.

Hoy vemos que muchas empresas fundadas entre amigos terminan fracasando y quienes comenzaron como amigos, acaban odiándose. Esto ocurre por falta de educación en este tema. La humanidad no ha sido enseñada a relacionarse de manera óptima y sin esa educación no podemos evitar esas rupturas.

Por naturaleza somos egoístas y generación tras generación, seguimos siendo educados como egoístas. Creemos que mientras más ego tengamos, más posibilidades tendremos de éxito sobre los demás. En realidad, el éxito verdadero son las conexiones positivas, gratas, pacíficas y felices con los otros.

Nuestra era muestra que el ego humano está quemando el mundo. Ya no puede avanzar egoístamente. Los grandes sueños de éxito individualista y en competencia con los demás, se desvanecen.

Mientras más sentimos que evolucionamos hacia un callejón sin salida, más podremos valorar la conexión mutua. En esa conexión descubriremos nuestro propósito mayor, dimensiones superiores y un mundo completamente distinto.

Para preservar la amistad y no caer en rupturas egoístas, debemos comprender que lo malo que vemos en los demás, está en nosotros. No hay nada malo afuera, sólo nuestro ego. Debemos corregirnos hasta dar testimonio de un mundo hermoso en todo lo que nos rodea. Así, nos sentiremos en el mundo espiritual, nada menos que en el cielo. Al transformar el infierno interior en cielo, veremos que ya estamos en el cielo.

Si no cambiamos el infierno dentro de nosotros, parecerá que vivimos en el infierno. Si lo vemos en los demás, en realidad está en nosotros. Al cambiar, veremos que habitamos un mundo maravilloso.

5.- Cuando hablan de mis virtudes, me roban. Cuando hablan de mis defectos, me enseñan.

Esto es verdad. Cabalá enseña que un amigo es aquel en el que descubrimos nuestros defectos. Así, nos ayuda a avanzar. Quien nos alaba, no ayuda en absoluto: debilita nuestro camino, nos llena de una sensación innecesaria de superioridad y perfección.

En aquellos ante quienes sentimos nuestras cualidades negativas, es donde realmente nos desarrollamos. Un amigo no es alguien con quien nos sentimos cómodos, sino alguien que parece alejarnos y hacia quien debemos esforzarnos por acercarnos. Quienes nos motivan a elevarnos por encima de nosotros mismos son nuestros verdaderos amigos.

6.- Un hilo rojo invisible conecta a los destinados a encontrarse, pese al tiempo, lugar o circunstancias. El hilo puede estirarse o enredarse, pero nunca romperse.”

Esto es correcto. Desde el principio, todos estamos conectados. Cada uno existe ya en su estado propio. Si como resultado de la corrección del alma común, debemos encontrarnos, está predeterminado en nuestros genes espirituales.

No hay nada accidental en nuestros encuentros o separaciones. Lo más importante es que, en cada etapa de nuestro desarrollo, cuando nos encontramos con otros, seamos lo más amables, amistosos y acogedores posible. Así nunca nos equivocaremos y siempre avanzaremos en la dirección de la corrección de nuestra alma. 

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