Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Sobre la unidad judía y el antisemitismo (Artículo 4).

Ascenso y caída del primer templo

En el artículo anterior, describimos la formación de Israel como nación y que se le dio la tarea de ser «luz para las naciones» y convertirse en modelo de unidad por encima de las diferencias. Este artículo es el primero en explorar los intentos de Israel por mantener su unidad después de ser nación, su fracaso en hacerlo y las consecuencias de ese fracaso.

Una vez que se convirtieron en nación, al jurar unirse “como un hombre con un corazón”, el pueblo de Israel partió hacia Canaán. En el camino, tuvieron muchas luchas, tanto internas, como con enemigos externos. Su ego creciente seguía desafiándolos de nuevas formas y tenían que encontrar nuevas tácticas para superarlo. Sin embargo, como está escrito en El libro del Zóhar (BeShalaj, ítem 252), «El que libra una guerra en la Torá,  al final es recompensado con mayor paz». En otras palabras, las guerras que libró el pueblo de Israel fueron por mantener el voto de unidad total.

Pero, poco después de que Israel conquistó Canaán y la convirtió en la Tierra de Israel, las disputas se volvieron tan feroces que la nación se dividió en dos reinos: Reino del Norte (Israel) y Reino del Sur (Judea).

El Reino del Norte fue más débil espiritualmente y su gente rápidamente abandonó su compromiso de unidad. El Talmud (Yoma 9b) describe la hostilidad de los líderes del Reino de Israel entre ellos, de manera muy conmovedora: “Rabí Elazar dijo: ‘Esas personas que comen y beben juntas, se apuñalan con espadas en la lengua’, aunque estaban cerca, estaban llenos de odio entre ellos». Con esas relaciones, el Reino de Israel no tardó mucho en disolverse en la oscuridad.

Mientras tanto, en Judea, nuestros antepasados no se comportaron mucho mejor que sus parientes, ahora desaparecidos. Titus Flavius Josephus, historiador judío del siglo I, convertido en romano, detalla la mala conducta de nuestros antepasados. Si bien la lista de fechorías es demasiado larga para el alcance de esta serie de artículos, es importante darse cuenta de que el odio de los judíos hacia sus hermanos fue brutal. En Antigüedades de los Judíos (libro IX, capítulo 5), Josefo ofrece detalles horripilantes del trato repugnante que se daba los reyes de Israel entre sí. Al escribir sobre la unción del rey Joram, que gobernó setenta años después del rey Salomón, quien enseñó que “El odio suscita contiendas y el amor cubrirá todas las transgresiones” (Proverbios 10:12), Josefo dice: “Tan pronto como [Joram] tomó el gobierno, se dedicó a matar a los hermanos y amigos de su padre».

Rey tras rey, los gobernantes de Judea se asesinaron unos a otros, en una asombrosa demostración de depravación.

Josefo escribe que el rey Manasés “mató bárbaramente a todos los justos que había entre los hebreos. Tampoco perdonó a los profetas, cada día mataba a alguno y Jerusalén se inundó de sangre” (libro X, capítulo 3).

Está claro que esta conducta no era sostenible y cuando el rey babilónico Nabucodonosor II invadió la tierra de Israel, Judea estaba demasiado débil para defenderse. Aunque se nos dice que Nabucodonosor conquistó Judea y destruyó el Primer Templo, es importante señalar que ni nuestros sabios ni los textos antiguos atribuyen la caída del Templo a Nabucodonosor, sino a nuestros propios vicios en contra de los demás.

Por cierto, este patrón, de señalar con el dedo a nuestros propios pecados como la causa de nuestras desgracias, en lugar de a enemigos externos, fue la mentalidad predominante en la antigüedad. Esto cambió en los últimos siglos, cuando nuestra arrogancia y justicia propia crecieron a niveles tales que no podemos ver ningún defecto en nosotros mismos y culpamos de todos nuestros problemas a los demás, a pesar de que, por milenios, nuestros propios sabios dijeron y escribieron lo contrario.

El exilio en el cautiverio babilónico fue breve, pero lleno de acontecimientos. Cubriremos los eventos que llevaron a la amenaza de destrucción y eventual liberación a través de la Declaración de Cyrus en el próximo artículo, donde una vez más, veremos que la unidad trae libertad y felicidad y la separación trae miseria a nuestra gente.

Para obtener más información sobre este tema, consulta mi última publicación, La elección judía: Unidad o antisemitismo, Hechos históricos sobre el antisemitismo como reflexión sobre la desunión social entre judíos.

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Publicado en: Antisemitismo, Judíos, News

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