Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

El alma que desciende al mundo una vez cada diez generaciones

Baal HaSulam

Hoy conmemoramos la partida de Baal HaSulam, el Rav Yehudá Leib HaLevi Ashlag, un alma que vino al mundo especialmente para nuestra generación, una generación que nacería varias generaciones después de su partida y que sería llamada «la última generación». Una generación en la que se encuentran las almas más difíciles, con las inclinaciones más fuertes, con un egoísmo que ha alcanzado la cima de su intensidad: nosotros.

Baal HaSulam se dirigió a nosotros. Habló y explicó, escribió y enseñó, abrió el camino y ordenó en él todos los pasos para que hoy podamos vencer en la guerra contra la inclinación al mal, abordar correctamente la corrección de nuestras almas, conectarlas unas con otras y, de este modo, llegar a sentir una sola alma y realizar nuestro papel dentro del sistema de fuerzas de la naturaleza.

Baal HaSulam no fue reconocido durante su vida. No ha habido un gran cabalista que haya sido aceptado por su generación mientras vivía. Rashbí, Rabí Shimón Bar Yojái, tuvo que huir a una cueva, donde permaneció oculto con sus alumnos y escribió El Libro del Zóhar. Solo varios cientos de años después comenzó a celebrarse su grandeza. Al ARÍ, en su época, apenas lo conocían unos pocos alumnos, e incluso ellos lo aceptaron únicamente por respeto al Ramak, Rabí Moshé Cordovero, quien comprendió quién era el ARÍ, percibió y reconoció su grandeza. Lo mismo ocurrió con el Baal Shem Tov, fundador del movimiento jasídico, que iba de pueblo en pueblo como un caminante, hablando y explicando acerca del trabajo del Creador, el trabajo espiritual del ser humano.

La absoluta soledad de Baal HaSulam entre las personas de su generación puede percibirse a través del testimonio del profesor Shlomo Giora Shoham, galardonado con el Premio Israel de Criminología, quien se reunió con él en la década de 1950:

«Cada vez que Baal HaSulam conseguía reunir un poco de dinero mediante pequeñas donaciones, imprimía partes de su “Sulam”, el comentario que escribió sobre El Libro del Zóhar. Lo encontré de pie en un edificio destartalado, casi en ruinas, junto a una vieja imprenta. No podía permitirse pagar a un tipógrafo, por lo que componía él mismo los tipos de imprenta, permaneciendo de pie junto a la máquina durante horas cada vez, aunque ya se acercaba a los setenta años. Era, sin duda, un justo, un hombre humilde, de rostro luminoso. Más tarde supe que había pasado tantas horas componiendo los tipos que el plomo terminó perjudicando su salud».

Así era Baal HaSulam, con toda su grandeza. Un hombre que alcanzó los mundos espirituales, pero que en el mundo material prácticamente nadie conocía y que vivió sin apenas recursos. Sobre la razón de esta falta de reconocimiento hacia los grandes de cada generación, Rabí Najmán de Breslov escribió:

«La principal fuerza de la inclinación al mal, que se intensifica en cada generación, consiste precisamente en ocultar y esconder al verdadero justo de esa generación. Como podemos comprobar, la principal controversia recae sobre el justo de esa generación; después, con el paso del tiempo, también reconocen a ese justo y dicen que, ciertamente, fue un justo. Pero entonces se oponen al justo de la generación siguiente».
(Likutei Halajot)

Es decir, la inclinación al mal, el ego que aumenta en cada generación, percibe la amenaza contenida en aquello que el cabalista, el justo, está a punto de percibir y revelar. Son cosas contrarias a la lógica egoísta, al pensamiento instintivo natural y a la percepción del mundo que sus abuelos y padres sostenían y le transmitieron. Ahora llega alguien y contradice todo aquello, como si borrara su mundo. ¿Cómo podrían estar de acuerdo con él? Por eso, las palabras de los cabalistas siempre despiertan una gran resistencia en su época, y deben pasar varias generaciones hasta que las personas sean capaces de asimilarlas y aceptar su visión.

Podemos comprender la singularidad del Rav Yehudá Ashlag dentro de la cadena de cabalistas a través de las palabras de su hijo mayor, Rabash, Rav Baruj HaLevi Ashlag, a quien enseñó y preparó. Así escribió en alabanza de su padre:

«Baal HaSulam hizo posible que una persona sencilla, si sigue su camino, pueda alcanzar la adhesión con el Creador como un gran discípulo de los sabios. Antes de él, en cambio, era necesario ser un gran erudito de la Torá para alcanzar la adhesión con el Creador. Y antes del Baal Shem Tov era necesario ser uno de los grandes de la generación; de lo contrario, no era posible alcanzar la percepción de la Divinidad».

Que a partir de este día tengamos el mérito de ser esas personas sencillas que siguen el camino y el método de Baal HaSulam. Que no surjan en nosotros pensamientos ni deseos maliciosos, que nuestros corazones sean rectos y sinceros, que los conectemos y, mediante ello, inclinemos al mundo hacia el lado del mérito.

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