
La fórmula del cambio es que yo cambie, y mi cambio equivale a que el mundo cambie. De inmediato surge una pregunta más profunda: ¿quién o qué me cambia? Sucede para que, gradualmente, logre reconocer que estoy bajo la autoridad de la única fuerza superior que existe, una fuerza de absoluto amor y otorgamiento, que en Cábala llamamos «Creador». Esta fuerza superior gobierna el mundo que creó y todo lo que existe en él, es su guía. Gracias a los cambios internos que siento, al final agradezco el camino de mi autotransformación, los estados por los que pasé y la mano que me guió.
Eventualmente todos lograremos comprenderlo. Al completar esta vida, entendemos y comprendemos todo el viaje. Y cuando decimos que «morimos», debemos entender lo que quiere decir realmente. ¿Quién es el que comprende? No el cuerpo. El cuerpo puede ser enterrado o quemado, no importa. Quien comprende es el alma. El hombre verdadero no es la cáscara exterior. La persona real es el alma. El alma no es temporal ni accidental. No es un trozo de carne. Es eterna. El alma lo siente todo, lo atraviesa todo, acumula toda la experiencia y se acerca continuamente al Creador. Es lo único que realmente existe.
El cuerpo solamente es la cobertura, una vestidura para la parte interior. Cumple su función por un tiempo y luego se deja atrás. Lo que permanece, comprende y reconoce la guía del Creador a través de todos los estados de la vida, es el alma, es decir, nuestra parte más íntima.



Deja una respuesta