
Necesitamos encontrar nuestro punto natural, la dirección interior en la que vivimos, aunque la vida, aún esté en desarrollo. Lo importante es que nos mantengamos firmes, sin titubear ni vagar sin rumbo, sin saber adónde vamos.
Cuando hablo de búsqueda del sentido de la vida, no me refiero al estado de confusión en el que no tenemos ni idea de para qué sirve. Debemos determinar cuál es el sentido de la vida, definirlo con claridad y avanzar hacia él. Y cuando avanzamos, aunque el camino esté lleno de altibajos, nos trae plenitud, placer y calma inmensa, junto con cierta insatisfacción interna. Es un desequilibrio creativo que nos impulsa a avanzar y sentimos gran gozo del proceso en sí. Es similar a las aves de la tormenta que se elevan sobre las olas, debemos vivir cada momento de la tormenta.
Incluso cuando surge la desesperación, incluso cuando nos preguntamos: «¿Elegí el objetivo correcto?». Sigue siendo mucho mejor que vivir como elemento inerte, simplemente a base de acciones mecánicas y adormeciéndonos con diversiones vanas. En otras palabras, es mejor luchar y buscar, que vivir a medias.
Después de una larga búsqueda, podemos encontrar el sentido de la vida, adherirnos a un maestro y seguir adelante con ascensos y descensos. Yo, personalmente, he tenido descensos tan profundos que ni siquiera podía levantarme de la cama. Es totalmente natural. Este es el verdadero camino de la búsqueda y no hay vuelta atrás. Y sí, lo llamo un camino feliz. Hay verdadera euforia en la batalla interior, incluso en la caída.
A quienes se embarcan en la búsqueda del sentido de la vida, les deseo que disfruten de las metamorfosis que ocurren en su interior. Todo lo que bulle en el interior, cada cambio, cada estallido de confusión o inspiración, ¡es vida! No envejezcan antes de tiempo. O al menos intenten no envejecer internamente. Puede que ya no pueda escalar montañas ni luchar contra las olas, pero dentro de mí, todo existe. Esta tormenta interior me da sensación de vida.
Viviendo así, nos mantenemos jóvenes a pesar de la edad. En cuanto a mí, me siento joven de dos formas: por dentro todo bulle con vida y al mismo tiempo, sé buscar el equilibrio y mantener mi barco firme sobre las olas.



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