
Todo viaje termina con el deseo de volver a casa. Todo placer se desvanece después de alcanzarlo. ¿Hay alguna manera de expandir los límites de la aventura, de romper los límites del placer?
Estamos hechos de tal modo que, no podemos sentir sabor sin hambre. Por ejemplo, podemos disfrutar un paseo, sólo si deseamos hacerlo. También podemos tener sensación de placer sin fin, en viajes internos, donde sentimos renovación constante y mientras más disfrutamos, más deseamos disfrutar. Al hacerlo, no nos cansaremos, no nos aburriremos ni nos fastidiaremos y cada vez que logremos algo en el camino, se transformará en algo más. Nuevos sabores vendrán con nuevos apetitos y seguirán y aumentarán.
Podemos desarrollar la capacidad de sentir una vida buena, dondequiera que estemos, en cada acción y en todas las situaciones que surjan, incluso si son difíciles. Podemos llegar a comprender por qué nos sucede lo que nos sucede, de dónde proviene cada acontecimiento en la vida, qué debemos hacer y qué resultado debemos alcanzar. Nos sentiremos bien en todas estas etapas, porque estamos conectados a una realidad superior, eterna y perfecta.
Esta es una aventura espiritual que expande constantemente nuestros sentidos y mente. Cuando nos involucramos en este proceso, sentimos una realidad más profunda y comprendemos la razón de todo. Si por ejemplo, vemos un paisaje determinado, como montañas, colinas, mar, desierto, plantas, animales o personas, lo veremos en toda su profundidad. Entenderemos qué los impulsa, qué desean, por qué actúan como lo hacen, qué puede ayudarles y qué podría ponerles en peligro. Además, al observar así la imagen, comprendemos qué sucederá en el siguiente momento y qué debemos hacer para adaptarnos a la corriente.
Y también, sentiremos la fuerza general de la naturaleza que impulsa todas las partes de la realidad. Descubriremos qué impulsa nuestro desarrollo, según qué programa, veremos que cada parte se integra con las demás, que se mueven, se conectan y hacia dónde van. Esta visión nos da la sensación de una vida plena. Así, la vida se vuelve una gran obra de teatro, rica, diversa y profunda, en la que el pensamiento de la naturaleza fluye ante nuestros ojos.
Entramos en la interioridad de la naturaleza, observamos que la fuerza de la naturaleza surge de dentro y lo anima todo, vemos que maneja sus niveles: inanimado, vegetal, animal y humano. Y percibimos que todo en la naturaleza vive de la misma fuerza de un programa único de gobierno y que todo está interconectado en armonía. No hay mayor placer que descubrir que todo se integra en una maravillosa sinfonía divina.
Para empezar a sentir así a la naturaleza, necesitamos añadir una capacidad interior y la emoción en el intelecto; es decir, desarrollar sensibilidad a las frecuencias sutiles que están en la naturaleza, aquellas que no entran en la percepción superficial que tenemos actualmente.
El laboratorio donde desarrollamos esta capacidad de recepción, es un pequeño grupo de unas diez personas, guiado por expertos en la sabiduría de la Cábala. Este método nos enseña a percibir y recibir de forma óptima la imagen completa de la naturaleza. Al aprender la sabiduría de la Cábala en este pequeño grupo, podemos descubrir la raíz de lo que nos sucede y en general, las causas y consecuencias de todo en la vida.
En términos generales, la guía cabalista nos prepara para salir de nuestra percepción estrecha y adentrarnos en el sentir de los demás. Mientras más nos involucramos en este método, entramos en una sensación solidaria, nos integramos más, logramos adquirir cualidades, que inicialmente no están en la naturaleza humana. La condición principal para adentrarnos en las profundidades de la naturaleza, es el amor al prójimo. Desarrollamos con el corazón y la mente, el deseo de salir del cuerpo, por así decirlo, para sentir a los demás y buscar colmarlos de todo lo bueno. Cuando logramos elevarnos a ese nivel de amor, inicia nuestro viaje hacia las profundidades de la naturaleza.
Actualmente, la humanidad está alcanzando una etapa evolutiva donde, nada de lo familiar satisface nuestro interior ni nos da felicidad duradera. Al mismo tiempo, el mundo está cada vez más interconectado y en todos los ámbitos de la vida hay crisis que no pueden resolverse con nuestra percepción ya obsoleta. Por eso, desde dentro y desde fuera, se acumulan presiones que nos impulsarán a irrumpir en una nueva realidad.
En efecto, nos espera una aventura especial. Mientras más invirtamos en esta aventura, más podremos sentir un gozo supremo y total, uno mucho mejor que el que sentimos actualmente.



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