Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

¿Por qué hay tanta depresión en la actualidad?

depresión sentido de la vida
Image de Wolfang Eckert en Pixabay

La depresión es como virus que cae sobre nosotros, nos enfría, nos paraliza y nos derriba. Nos despoja de la alegría de vivir, de la fuerza para movernos, funcionar, escuchar y abrir los ojos.

Cuando estamos deprimidos, deseamos aislarnos y perdemos el interés por escuchar o absorber nada. Todo se vuelve irritante y hasta carecemos de energía para reaccionar ante las molestias de nuestro entorno.

La mayoría de las personas deprimidas no pueden explicar por qué lo están. Sólo sienten que nada tiene sentido. La carrera frenética de la vida parece no pertenecerles, parece inútil, su mejor opción se reduce a tomar una pastilla y dormir.

En el pasado, la depresión era un fenómeno emocional más común entre nobles y aristócratas. Hoy todos la hemos heredado. La raíz de la depresión es la saturación del deseo egoísta que impulsa el desarrollo humano. Tras sentir que siempre había un lugar hacia donde progresar, hoy se acumula la sensación de que no queda ningún destino, ningún gran objetivo en el horizonte, nada que brille delante de nosotros.

La epidemia contemporánea de depresión, va de la mano con el despertar de las preguntas existenciales fundamentales de la vida: ¿Cuál es el sentido de la existencia? ¿Por qué estamos aquí? ¿De dónde venimos? ¿Dónde estamos realmente? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué es la realidad? ¿Y por qué hay tanto sufrimiento en el mundo?

La base del vacío, la frustración y la depresión en la vida surge cuando no hay respuestas sustanciales para nuestras crecientes preguntas existenciales.

En generaciones anteriores, la gente se conformaba con promesas religiosas. Hoy, los deseos internos de la humanidad se han desarrollado y ya no creemos en nada ni en nadie. Además, carecemos de fuerzas para soportar a los demás. En consecuencia, la unidad familiar se desintegra, las relaciones colapsan y quedamos solos, encerrados en nosotros mismos, refugiándonos más en las pantallas, que se vuelven omnipresentes y personalizadas. Incluso desde temprana edad, los niños están deprimidos, cansados de la vida antes de comenzar a vivirla. Cada vez más niños sienten que nada podrá colmar sus deseos, su gran vacío interior.

De acuerdo con el enfoque integral de la educación, que ve al ser humano, a la sociedad y a la naturaleza como un todo indivisible, la cura para la depresión puede resumirse en una sola palabra: amor. No es amor como lo entendemos en esta vida egoísta —donde amamos aquello o a quien nos da placer—, sino amor hacia los demás. Ese amor exige desarrollar la capacidad de salir de nosotros mismos, de sentir al otro, lo que le falta, lo que desea y anhelar su plenitud. Ese es el amor en un nivel superior.

Cuando avancemos hacia un estado en el que los deseos de los demás se vuelvan más importantes que los propios, resolveremos el problema de la depresión en su raíz. Entraremos en un mundo nuevo y más elevado, lleno de alegría, conexión y totalidad. Todos querrán colmar a los demás, darles bondad y sentiremos una inmensa elevación de espíritu. La depresión desaparecerá y será reemplazada por vigor renovado, energía y vitalidad.

Es semejante a una madre amorosa que pone el deseo de su hijo por encima del suyo propio y encuentra, tanto la fuerza para cuidarlo como placer único en hacerlo. Así, la naturaleza da ejemplo de relaciones óptimas que deberíamos cultivar en toda la sociedad humana.

La depresión que hoy arrasa el mundo es, en realidad, una invitación a la siguiente etapa de la evolución humana. Los problemas que nos presionan de manera persistente en todas las escalas —personal, social, económica y ecológica— señalan que vivimos en una era dominada por un ego palpitante y que todos estamos en el mismo barco. Si no aprendemos a convivir en esta situación, nos hundiremos juntos.

Así como la naturaleza es un sistema integral, interconectado e interdependiente, con complementariedad mutua entre sus partes, así nosotros, los seres humanos, debemos vivir, pero con conciencia. A diferencia de otras criaturas que son gobernadas por la fuerza de la naturaleza, nosotros tenemos conciencia y la posibilidad de elegir.

Si nos fijamos como meta educativa y cultural suprema, la creación de un nuevo ser humano, capaz de elevarse por encima del deseo individualista y egoísta innato y conectarse con el deseo de los demás en actitud de amor, romperemos los límites de nuestra estrecha percepción egoísta. Juntos, ascenderemos a una dimensión más allá de tiempo, espacio y movimiento e igualaremos la fuerza original de la naturaleza: la fuerza de amor y bondad.

El enfoque integral de la educación nos enseña a lograrlo dentro de un marco de pequeños grupos. Paso a paso, aprendemos a salir de nosotros mismos y a vivir en los deseos y pensamientos de los demás. “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, que parece un lema familiar, en realidad es una profundidad infinita y si aprendemos a implementar este principio en nuestras relaciones, abriremos la puerta a una percepción completamente nueva de la realidad.

En definitiva, al desarrollar el amor hacia los demás podremos, de una vez por todas, erradicar la depresión del mundo y en su lugar, dar a la vida un sentido mucho más elevado de bondad, salud y felicidad. 

Etiquetado con: ,
Publicado en: News

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*