
¿Qué es exactamente el mal de ojo? ¿Cómo podemos conseguir un «buen ojo»? ¿Cuál es el error común con respecto al pensamiento positivo y cuál es su significado preciso?
Nos guste o no, vivimos en un sistema único. Por naturaleza, la humanidad es un sistema cerrado, integral e interconectado. Innumerables hilos de conexión nos unen a todos y se crea interdependencia absoluta. Estos lazos no se pueden desatar, cortar ni desconectar. El mundo actual nos muestra cada vez más este grado de conexión. Un gesto individual en una parte del mundo, afecta a todos, querámoslo o no. Estamos vinculados unos a otros en todos los sentidos, en sociedad, economía, comercio, cultura, educación, ecología, salud; .
Algunas personas invierten mucha energía en buscar quién les echó el mal de ojo, buscan al responsable de sus desgracias. Intentan por todos los medios, evitar el daño, pero el mal de ojo es una constante en todos nosotros. Mientras no deseemos el bien a los demás, se considera como si les estuviéramos echando el mal de ojo y a su vez, a nosotros mismos. ¿Por qué? Porque lo que irradiamos, nos regresa.
Se suele pensar que este principio opera sólo en el comportamiento externo, que si sonreímos o gritamos, los demás nos sonreirán o gritarán. Pero, de hecho, la vida es mucho más compleja, está construida sobre capas mucho más profundas y significativas. Nuestros pensamientos, deseos, esperanzas y aspiraciones se proyectan desde el interior hacia el sistema, influye en él y retorna a nosotros. Toda actitud negativa dirigida hacia otra persona, consciente o inconsciente, de inmediato produce mal de ojo. Es una influencia dañina que fluye a través de este sistema conectado.
Cuando sentimos que estamos en un sistema único con todos, queda claro que para asegurar nuestro bienestar, lo mejor que podemos hacer es desearles bien a todos y hacerlo siempre. ¿Por qué? Porque la bondad que irradiamos hacia el exterior nos regresará con mucha más fuerza y se considerará como la creación de influencia de «buen ojo». Así funcionan las cosas dentro de un sistema cerrado.
Mientras tanto, la vida se desarrolla de forma totalmente individualista. Cada uno ve todo desde una perspectiva personal, desea el bien principalmente para sí. Esta brecha entre la actitud de la naturaleza hacia nosotros, como un sistema único y nuestra actitud egoísta hacia los demás y hacia el medio ambiente, es la raíz de todos nuestros problemas. Si a esto le sumamos que la naturaleza egoísta se intensifica continuamente, mientras que, simultáneamente, el mundo se revela cada vez más interconectado, tenemos una receta segura para el colapso. Aunque, precisamente este punto de crisis puede convertirse en un punto de nacimiento, es decir, el nacimiento de una nueva percepción, un nuevo ser humano, una nueva humanidad.
El enfoque integral de la educación, nos da una explicación detallada y un método para desarrollar un «buen ojo». El trabajo se hace en grupos pequeños, de unos diez participantes. Juntos, aprenden sobre la naturaleza humana, la naturaleza del mundo y la dirección del desarrollo integral hacia la conexión y complementariedad de todos. Al mismo tiempo, hacemos ejercicios especiales de conexión, que gradualmente se vuelven instintivos.
Por ejemplo, cada uno intenta ser amable. No exige nada de nadie y si se le pide algo, está dispuesta a ayudar. Cada participante se muestra comprensible para todos, no ocupa espacio ni es carga para nadie. Como resultado de este juego, comenzamos a percibir fenómenos que antes no podíamos percibir. Además, «Pensamiento positivo» no es como se suele entender, pensar positivamente en sí mismo, que somos capaces, exitosos y que merecemos confianza, por el contrario, es pensar positivamente sobre los demás. Si bien, pensar positivamente sobre uno mismo puede mejorar temporalmente el estado de ánimo, no corrige lo que requiere corrección: nuestra actitud hacia los demás. Por eso, a largo plazo, pensar positivamente sobre uno mismo ni siquiera ayuda a quien lo practica.
Otro ejercicio en el grupo integral es felicitarse mutuamente. Cada participante les dice a los demás lo especiales y exitosos que son, las maravillosas cualidades que poseen y expresa su gratitud por el privilegio de estar en compañía de personas tan excelentes e íntegras. Aunque no lo sintamos sinceramente, nos ponemos en el lugar de quienes sí lo sienten. El objetivo de este ejercicio es mostrar amor, como la madre hacia sus hijos. Mientras más lo hacemos, más elevados nos sentimos. En consecuencia, nos ayudamos mutuamente a sanar, construimos una especie de antivirus, un muro protector contra las influencias negativas.
En general, podemos corregirlo todo, es decir, transformarlo de una dirección negativa, egoísta y auto receptiva, a una que fluya hacia el exterior, hacia los demás y hacia la naturaleza. Gracias al poder del pensamiento y la imaginación, podemos alcanzar una conexión tan profunda y positiva que nos permita salir de nosotros mismos y vivir en los demás, integrarnos a ellos hasta el punto de olvidar nuestros dolores y pensamientos inquietantes. ¿Por qué es eso cierto y real? Porque, por naturaleza, estamos conectados como células y órganos en un cuerpo.
Por lo tanto, si intentamos tratarnos con amabilidad, por encima de la apariencia de rechazo y odio, veremos que atraemos la fuerza positiva a nuestra vida. Mientras más nos esforcemos, más sentiremos que la naturaleza misma nos acompaña, nos ayuda a ascender. En las actitudes positivas más avanzadas que desarrollemos hacia los demás, la buena salud, la alegría y la tranquilidad se extenderán por el mundo, hasta un punto de absoluta perfección y eternidad.


