{"id":5059,"date":"2025-10-07T17:58:09","date_gmt":"2025-10-07T17:58:09","guid":{"rendered":"https:\/\/www.michaellaitman.com\/es\/?p=5059"},"modified":"2025-10-07T17:58:09","modified_gmt":"2025-10-07T17:58:09","slug":"podemos-medir-la-felicidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.michaellaitman.com\/es\/news\/podemos-medir-la-felicidad\/","title":{"rendered":"\u00bfPodemos medir la felicidad?"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><a href=\"https:\/\/www.michaellaitman.com\/es\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/480816433_1212438090236069_5483809812982521824_n.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.michaellaitman.com\/es\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/480816433_1212438090236069_5483809812982521824_n.jpg\" alt=\"felicidad\" class=\"wp-image-5060\" srcset=\"https:\/\/www.michaellaitman.com\/es\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/480816433_1212438090236069_5483809812982521824_n.jpg 1024w, https:\/\/www.michaellaitman.com\/es\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/480816433_1212438090236069_5483809812982521824_n-300x300.jpg 300w, https:\/\/www.michaellaitman.com\/es\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/480816433_1212438090236069_5483809812982521824_n-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.michaellaitman.com\/es\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/480816433_1212438090236069_5483809812982521824_n-768x768.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p>Los intentos cient\u00edficos por definir la felicidad suelen basarse en indicadores externos como ingresos promedio, desempleo, libertad econ\u00f3mica y un mercado laboral abierto. Sin embargo, a pesar de estas condiciones aparentemente favorables, la verdadera felicidad sigue siendo dif\u00edcil de alcanzar. Ni siquiera las generosas prestaciones sociales ni la reducci\u00f3n de la desigualdad garantizan la sensaci\u00f3n de bienestar. Por ejemplo, Noruega, a pesar de su alto nivel de vida, tiene una de las tasas de suicidio m\u00e1s altas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cient\u00edficos intentan medir la felicidad con esperanza de vida, educaci\u00f3n, PIB per c\u00e1pita y poder adquisitivo; sin embargo, la gente a\u00fan no se siente verdaderamente feliz. Esto se debe a que la felicidad no es un estado material, es espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>La felicidad es conexi\u00f3n con la eternidad y la perfecci\u00f3n, el prop\u00f3sito mismo de la vida que podemos graduar continuamente. Sin embargo, si damos un paso hacia este prop\u00f3sito final, de nuevo nos alejamos de \u00e9l, eso genera un proceso continuo de deseo. La b\u00fasqueda tiene sus dolores y luchas, pero no son dolores vac\u00edos. Son, el dulce sufrimiento del amor, es decir, el sentimiento simult\u00e1neo de anhelo y plenitud que juntos dan la sensaci\u00f3n de felicidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, dos personas pueden extra\u00f1arse por muchos a\u00f1os, sufren la separaci\u00f3n, sue\u00f1an con acercarse, con su unidad. Cuando finalmente se encuentran, el sufrimiento pasado se fusiona con el momento presente de cercan\u00eda y crea una sensaci\u00f3n poderosa de felicidad. Mientras m\u00e1s crecen y se sostienen mutuamente estas dos fuerzas opuestas de anhelo y plenitud, m\u00e1s fuerte se vuelve la sensaci\u00f3n de felicidad. No puede haber felicidad sin sufrimiento y el sufrimiento, inevitablemente conduce a la felicidad. Por eso se le llama \u00absufrimiento del amor\u00bb, pues el amor no puede existir sin la experiencia previa de anhelo, carencia y deseo. Estos deseos surgen precisamente en la b\u00fasqueda, en el camino hacia el amor, forman un veh\u00edculo para la sensaci\u00f3n de felicidad. Sin embargo, en cuanto logramos sentir felicidad, comienza a desvanecerse.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, la felicidad debe renovarse continuamente. Incluso si f\u00edsicamente estamos con un ser querido, constantemente debemos cultivar nuevos deseos y aspiraciones hacia \u00e9l. Al hacerlo, creamos ilusi\u00f3n de distancia, reavivamos, una y otra vez, el anhelo y la alegr\u00eda de la cercan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La felicidad existe en equilibrio, en la l\u00ednea media, entre dos fuerzas. Por un lado, est\u00e1 la revelaci\u00f3n continua del esfuerzo, el anhelo y el vac\u00edo; por el otro, la conexi\u00f3n, el amor y la plenitud. La l\u00ednea media une estas fuerzas, asegurando que el deseo y la plenitud crezcan juntos. Esto nos permite sentir eternidad y perfecci\u00f3n, oscilamos entre extremos, pero existimos en ambos simult\u00e1neamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque, esta comprensi\u00f3n no puede transmitirse con explicaciones externas. Requiere desarrollo interior, refinar la percepci\u00f3n que a\u00fan no poseemos. Este es precisamente el prop\u00f3sito de la sabidur\u00eda de la C\u00e1bala, es decir, la sabidur\u00eda de \u00abrecibir\u00bb (C\u00e1bala en hebreo significa \u00abrecibir\u00bb). Nos ense\u00f1a a construir un recipiente en el que podamos sentir felicidad genuina y duradera.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los intentos cient\u00edficos por definir la felicidad suelen basarse en indicadores externos como ingresos promedio, desempleo, libertad econ\u00f3mica y un mercado laboral abierto. 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