Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Un año con Covid y nada ha cambiado

un año con covid

[Personas haciendo cola para recibir la vacuna contra el coronavirus (COVID-19) en un centro temporal de la organización de mantenimiento de la salud (HMO) de Clalit, en una cancha de básquetbol en Petah Tikva, Israel, 28/ene/21. REUTERS / Ammar Awad]

Pasó un año desde que comenzamos a imponer cierres más estrictos en todo el mundo, debido a la Covid-19. Al principio, pensamos que cerraríamos la economía y enviaríamos a la gente a casa durante un par de meses, que llegaría el verano y la Covid se iría como la gripe. Nos equivocamos. La Covid no se fue, no se va a ir y no hemos aprendido nada desde el primer día de la pandemia.

Los cierres impuestos, estuvieron más motivados por la política que por preocupación por la salud pública. Cuando los que toman las decisiones creen que el cierre se reflejará negativamente en sus rivales políticos, lo apoyan. Cuando creen que ayudará a sus rivales, se oponen. Pero en ninguno de los casos el beneficio público es un factor en su toma de decisiones.

Y el virus, como todos los virus, sigue mutando y fortaleciendo su control. Ahora el mundo está alarmado por la aparición de las mutaciones del Reino Unido, Sudáfrica, Brasil y California. Pero incluso sin una mutación oficial, hoy el virus es mucho más violento de lo que fue cuando apareció. Al principio, los médicos pensaban que casi nunca afectaba a los niños. Ahora, al menos en Israel, más de un tercio de los pacientes son niños, algunos están graves y otros, después de que se liberaron del virus, sufren efectos secundarios agudos y potencialmente mortales como síntomas similares al síndrome de Kawasaki, que tiene impacto en su corazón y cerebro. A lo largo de este tiempo, nos hemos mostrado reacios a buscar la verdadera fuente de la pandemia.

La pandemia nos obligará a repensar nuestra existencia, a reevaluar el propósito de nuestro estar aquí.

Es una pena que tengamos que pasar por tanta agonía para empezar a pensar en eso, pero la naturaleza es inexorable; no cambiará de dirección sólo porque no nos guste hacia dónde se dirige.

Al final, veremos la conexión entre la naturaleza humana y toda la naturaleza y que las enfermedades de la naturaleza humana, infligen enfermedades a toda la naturaleza. No se necesita mucho sentido común para ver que el único elemento enfermo, en realidad, es el hombre. Una mirada a cualquier transmisión de noticias demostrará la profundidad de nuestra aversión mutua. Ninguna otra parte de la naturaleza tiene esos sentimientos hacia ninguna otra parte; lo único que está lleno de odio es la humanidad. Las demás partes de la naturaleza se llevan bien y mantienen un equilibrio que apoya la prosperidad de todas las especies. Sólo nosotros, destruimos todo en la naturaleza y nos destruimos unos a otros. Por lo tanto, la única parte de la naturaleza que está enferma es la naturaleza humana y todas las disfunciones que vemos en el mundo son síntomas de la enfermedad única: el odio enfermizo que sentimos unos por otros. Si curamos la naturaleza humana, curaremos toda la naturaleza.

El odio no sólo destruye a la gente; nos hace destruir al resto de la naturaleza.

Nuestro odio impregna todos los demás niveles de la naturaleza y hace que se destruyan unos a otros, igual que cuando el cáncer hace metástasis.

Podemos curarnos del odio, pero no podemos confiar en que las compañías farmacéuticas o los políticos lo hagan por nosotros. Sólo nosotros podemos curarnos a nosotros mismos, a todos y cada uno de nosotros. La verdadera vacuna es nuestro apoyo mutuo, la responsabilidad mutua entre nosotros, pues, si cae, todos caeremos.

Por el momento, no veo que la humanidad esté comprendiendo el concepto de responsabilidad mutua ni su papel en salvar nuestra vida de los inminentes desastres naturales y provocados por el hombre -son síntoma de nuestro odio cada vez peor. Cada uno debe sentirse responsable por no haberlo comprendido. Cuando todos nos comprometemos a superar el odio, cuando dejamos de culpar a los demás por nuestros males y nos demos cuenta de que no son nuestras diferencias las que nos destruyen, sino el odio que sentimos unos por otros, comenzaremos a ver cambios positivos, ni un día antes. No importa quién sea el primer ministro ni quién sea el presidente; una nación dividida es una nación condenada. Si escuchamos, nos salvaremos a nosotros mismos y al mundo entero. Si no escuchamos, nos destruiremos a nosotros mismos y al mundo entero.

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Publicado en: News
2 comentarios sobre “Un año con Covid y nada ha cambiado
  1. Rosa María Lomeli Delgado dice:

    Buen día, muchísimas gracias por sus correos. Cada día despierto más para ver co mi ego me maneja como un hilo inservible. Bendiciones infinitas 🙏

  2. Aquiles Cedeño dice:

    Excelente articulo y totalmente cierto todo lo expuesto

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