Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Tiroteos masivos en EEUU, ¿por qué?

Una vez más, dos tiroteos masivos mortales –apenas separados por unas horas– en Texas y Ohio han conmocionado Estados Unidos.

Al menos 31 personas han muerto y decenas han resultado heridas en ambos incidentes que han propagado el miedo, el desconcierto y la confusión en toda la sociedad estadounidense.

Se repite el mismo escenario una y otra vez, solo cambian las ubicaciones y los nombres, alimentando el juego de acusaciones en una encarnizada campaña política por la carrera presidencial del próximo año y reavivando el debate sobre el control de armas y el extremismo de derecha.

¿Cuándo parará este derramamiento de sangre?

Qué genera la actual violencia en los Estados Unidos

La violencia es el resultado del aumento del egoísmo –el beneficio propio a expensas de los demás– en todo el mundo pero particularmente en la cultura estadounidense.

La humanidad busca en los Estados Unidos un ejemplo de relaciones positivas, tranquilas y pacíficas. Pero ese estado nunca se materializará con la redacción de nuevas leyes, sino solamente a través de un cambio en la forma en que la naturaleza humana opera en la sociedad: en lugar de relacionarse a través de unas lentes egoístas, desarrollar nuevas actitudes de apoyo, aliento y comprensión hacia cada persona. Para alcanzar ese nivel de cambio positivo, la sociedad necesita implementar un método de conexión que todavía tiene que internalizar.

El tiroteo mortal de El Paso, considerado un episodio de terrorismo doméstico, revela parecidas visiones extremistas contra inmigrantes, judíos y otras minorías ya manifestadas en los actos de violencia supremacista en una mezquita de Nueva Zelanda y en las sinagogas de Pittsburg y Poway, California, a principios de este año. El móvil tras el tiroteo en Dayton, Ohio, aún no está claro. El hombre armado de 24 años aparentemente mostró opiniones radicales de izquierda y una obsesión con la violencia antes del ataque.

Cabe esperar más provocaciones, pero no por el muro fronterizo de Trump con México, el endurecimiento de las políticas con los inmigrantes que atraviesan la frontera o por las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos. A no ser que se tomen medidas, es probable que Estados Unidos experimente muchos más de estos duros incidentes como resultado directo de grandes enfrentamientos en una sociedad cada vez más egoísta.

Se han producido más de 250 tiroteos masivos en los EE.UU. desde principios de 2019 y cada incidente ha servido para aumentar la preocupación de la sociedad, pero es algo efímero y desaparece en cuanto un nuevo asunto ocupa los titulares. Si esta tendencia continúa, dado que nadie puede encontrar una solución real, el derramamiento de sangre al que se enfrentarán los estadounidenses será insoportable.

Es cierto que en Estados Unidos es sencillo adquirir armas de fuego, pero el dedo que pulsa el gatillo es el resultado del creciente egoísmo en la sociedad estadounidense. La tensión y el deterioro de la situación se incrementan día a día. Hasta que explotan de manera cruel. Cuando las personas sienten que no vale la pena vivir, sus actos irracionales reflejan lo peor que su cultura les ha enseñado.

Lo que el mundo espera de los Estados Unidos

No es sorprendente que Estados Unidos se enfrente a tantos problemas. La sociedad norteamericana está estrechamente vinculada a la opinión mundial y viceversa. Desde la Segunda Guerra Mundial, el mundo ha recibido una enorme influencia de los Estados Unidos. Existe una expectativa intrínseca hacia Estados Unidos –altamente desarrollados y ricos– para que ilumine al resto del mundo y marque una tendencia constructiva que otros puedan seguir. Si Estados Unidos lo consigue, todos recibirán un nuevo tipo de inspiración positiva; pero si fracasa, tendrá que asumir la responsabilidad.

La gran cantidad de contradicciones y conflictos que existen en la humanidad se dan de una forma más pronunciada en los Estados Unidos; más que en otros lugares. Estos opuestos acentúan las diferencias entre demócratas y republicanos, negros y blancos, ciudadanos estadounidenses e inmigrantes. Un caldero hirviendo que burbujea y estalla con violentos incidentes que conmocionan al mundo.

La visión estadounidense incluye dos extremos opuestos: por un lado, la libertad de hacer lo que uno quiera; pero por otro lado, la necesidad de evitar perjudicar a los demás. Es un país donde cada persona es libre de expresarse, pero debe optar por la moderación. Es un país donde cualquier persona puede caminar con un arma por su seguridad, pero nunca debe utilizar el arma injustificadamente. Fuera del texto de la Constitución, en el día a día, no vemos que estos ideales se materialicen.

A medida que el mundo se desgarra bajo la presión de dos fuerzas contrarias –la fuerza de la conexión global y la fuerza separadora del ego– vamos entrando en un estado que se asemeja cada vez más a la antigua Babilonia hace 4.000 años, antes de su colapso (hablaremos más sobre eso en la segunda entrega de este artículo). La diferencia es que hoy no podemos alejarnos unos de otros para apaciguar nuestros egos. Nuestra única opción es esforzarnos en nuestra conexión, en nuestra unidad.

La sociedad de hoy necesita un suplemento adicional de la fuerza positiva unificadora que contrarreste la fuerza negativa de nuestro ego.

La pregunta es cómo.

En la segunda entrega de este artículo, explicaré el método de conexión para llegar una existencia armoniosa y pacífica: un método ideado en los tiempos de la antigua Babilonia por el patriarca Abraham. Una solución contrastada para superar la creciente división social y el odio en aquella época.

Este artículo es la primera parte de dos entregas.

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