Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Referéndum sobre el aborto en Irlanda: una perspectiva global

El dramático referéndum de esta semana en Irlanda mostró que la mayoría de los irlandeses quieren acabar con una ley ancestral según la cual las mujeres que abortan –y los médicos que las ayudan a hacerlo– pueden enfrentarse hasta a 14 años de prisión.

Pero a medida que los abortos se vuelven legales en Irlanda, nace algo mucho más revolucionario que un simple cambio de leyes.

La transformación que está ocurriendo en la conservadora sociedad irlandesa es reflejo de un impulso global de liberalización que rompe, una tras otra, las normas de convivencia de la sociedad moderna. Progresivamente, el hombre se va liberando de los distintos esquemas sociales que solían controlar sus pensamientos y dictar su conducta.

 

Una mayor libertad exige mayor madurez

Echemos un vistazo a la historia. Desde las monarquías, a través de las distintas dictaduras, y llegando hasta las democracias contemporáneas que continúan cambiando su perfil en nuestros días, podemos observar con claridad un recorrido natural del desarrollo humano. El individuo va gradualmente tomando las riendas de su familia, sus posesiones, su cuerpo, su comportamiento, así como del resto de componentes que constituyen su identidad.

Pero hay algo que fácilmente puede pasar desapercibido para nosotros: si queremos mantener el equilibrio en la sociedad, la libertad debe ir acompañada de madurez por parte del ser humano.

Al mismo tiempo que nos liberamos de las cadenas del pasado y nos encaminamos hacia la libertad del futuro, debemos desarrollar la conciencia humana a un nivel totalmente nuevo. Con cada limitación que se retira, el hombre debería preguntarse: ¿Cómo estoy conectado con las otras personas a mi alrededor? ¿Cuál es mi obligación natural hacia ellas? ¿Cómo influyen mis acciones sobre los demás?

Estamos entrando en una era en la que las respuestas a estas preguntas ya no las proporcionará el clero, ni las autoridades públicas, ni las leyes, los reglamentos o cualquier institución dirigida a dictar la forma en la que deben pensar las personas. En vez de eso, las respuestas vendrán con el desarrollo interno del ser humano o, dicho con otras palabras, de nuestro desarrollo “espiritual”.

Ahora bien, esperar a que este desarrollo humano positivo ocurra por sí solo no es lo que estoy sugiriendo. Más bien al contrario: no me cabe duda de que debemos comenzar a educarnos a nosotros mismos como sociedad esclareciendo preguntas existenciales, aprendiendo acerca de nuestra naturaleza humana y preparándonos para ese estado de interdependencia en el que el mundo se está adentrando.

En otras palabras, estoy abogando por una expansión de la conciencia humana en el conjunto de la sociedad. Y en consecuencia, los individuos de la sociedad tendrán un mejor entendimiento de cómo comportarse para alcanzar un equilibrio.

 

Libertad a través de la interdependencia

¿Cómo hacerlo? Deberíamos seguir el ejemplo de cómo la naturaleza mantiene un “equilibrio dinámico”. Si observamos la vida dentro del cuerpo humano, veremos contrastes como el frío y el calor, órganos con diversas funciones, distintos tipos de gérmenes o fuerzas activas y pasivas, pero todos trabajan juntos en equilibrio y reciprocidad, complementándose mutuamente. Es el principio de la vida, capaz de funcionar sin nuestra participación.

Sin embargo, nosotros, los humanos, debemos desarrollarnos y complementarnos mutuamente de forma consciente y volitiva. Nuestro desarrollo como seres humanos nos está apremiando a alcanzar el equilibrio y la reciprocidad en todos los niveles de la vida.

Si no desarrollamos la capacidad de hacer esto, concedernos cada vez más libertades puede tener manifestaciones muy negativas en forma de terrorismo, delitos y otras formas de comportamiento aberrante. Sin una madurez para mantener el equilibrio social, podríamos vernos inmersos en un caos social, familiar y político llegando a un punto en el que el individuo haga solamente lo que a él le parece correcto y en su propio beneficio.

Creo que llegaremos a comprobar cómo ni el dinero ni el poder pueden llevarnos a la armonía social: solo una educación cuyo objetivo sea elevar la conciencia humana nos ayudará a sentir nuestra interdependencia y apreciar nuestra humanidad conjunta. Y cuanto más desarrollemos al ser humano dentro de nosotros, más nos liberaremos de las limitaciones fuera de nosotros.

 

Foto: Reuters

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