Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Para un buen año, pon tu fe en la conexión humana.

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[Reuters: Los asistentes esperan el inicio de la presentación de guirnaldas, mientras Middletown recuerda la tragedia del World Trade Center del 11 de septiembre de 2001]

En el nuevo año, el mundo anhela certeza, busca una fuente de seguridad y se aferra a la fe de que un poder superior resolverá y arreglará la realidad para un futuro mejor. La gente necesita sentir que hay algo a qué aferrarse, un ancla a la que atarse, para resistir las fuertes olas que rompen sobre el planeta y sobre su vida personal. Ese puerto seguro, la revelación de una fuerza poderosa capaz de restaurar la armonía, se logra en nuestra conexión.

Cuando termina un año, se espera un nuevo comienzo. La gente espera con entusiasmo el tiempo que viene y espera que la tristeza y los golpes de 2020 desaparezcan y que el sol finalmente se derrame sobre el horizonte. Todas nuestras perspectivas para el futuro dependen solo de que entendamos lo que nos sucede, que aceptemos y procesemos lo que pasó y sepamos qué hacer con lo que viene. Lo único que podemos hacer es abrir los ojos y ver un poco más adelante y de forma más orientada, con plena fe en que todo sucede con un propósito positivo.

La fuerza de la fe es un poder enorme.

De hecho, se puede dividir en dos formas de relacionarnos con el mundo que nos rodea: primero, la gente busca poderes detrás de los elementos inanimados de la naturaleza, como montañas, cielo, luna, sol, la fuerza superior, algo que realmente no conoce ni entiende, pero tienen una actitud especial hacia algo superior. Ese tipo de fe está en la grandeza de lo desconocido. Un segundo tipo de fe es donde no se percibe una fuerza suprema; sólo hay sensación de miedo y ansiedad por cosas que no sabemos cómo comprender o manejar.

En verdad, evaluamos si algo es bueno o malo, correcto o incorrecto, de acuerdo con nuestro ego, nuestro deseo de recibir para nosotros mismos sin tener en cuenta lo que beneficia a los demás. Nos demos cuenta o no, somos parte del sistema completo, perfecto, redondo y preciso de la naturaleza.

Pero la convicción de la plenitud y perfección de la realidad no llega de repente; se desarrolla en un proceso gradual. La fe incluye muchas etapas. Comienza como incertidumbre sobre algo superior, algo que no sabemos cómo captar, hasta que desarrollamos una relación con ese algo, con esa fuerza superior. En esa conexión se obtienen juicios especiales. Comenzamos a ver que todo lo que sucede en la realidad está vinculado a la fuerza suprema que se percibe como buena y amable. Así, logramos ver plenitud y perfección en cada situación y ámbito de la vida.

Como resultado de la pandemia y de los problemas globales que soportamos el 2020, alcanzamos una nueva etapa en nuestro desarrollo, que nos impulsará a un nuevo grado de vida, una nueva perspectiva de una humanidad como una sola familia.

Los problemas que enfrentamos nos empujan y nos ayudan a descubrir que el poder supremo es uno y es para todos. La humanidad está descubriendo el poder del amor que se revela en nuestra conexión. Cuando superamos las divisiones y expresamos nuestro deseo de unirnos y trascender por encima de nuestro ego individual, el factor único que nos mantiene separados, mejoramos el destino de todos.

Necesitamos creer que estamos en un mundo absolutamente bueno, si nos ajustamos a la cualidad de otorgamiento de la fuerza superior, sentiremos una realidad positiva. Todo depende de la forma en que nos relacionemos. Todo nuestro desafío es comprender qué hace la fuerza superior con nosotros y su propósito. Cuando comenzamos a comprender, en esa misma medida comenzamos a sentir y a amar a la fuerza superior, al poder superior, a Él. Esperemos que en este nuevo año 2021, descubramos que nuestra realidad funciona en total perfección.

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Publicado en: News, Relaciones Interpersonales

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