Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Para cuidar a los drogadictos, construye una sociedad que los sane

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Foto: Individuo sin hogar dormido en Herald Square en Nueva York, viernes 3/jun/22. ( Foto de Richard B. Levine)

En Israel, en los últimos cinco años ha aumentado un cincuenta por ciento el número de personas sin hogar. Uno de los problemas sorprendentes es que, incluso cuando tienen un lugar donde alojarse y condiciones de vida adecuadas, suelen preferir la calle, porque sólo allí pueden encontrar drogas y alcohol. Es como si su adicción les arrastrara fuera del hogar, a la calle, lejos de la esperanza de una vida decente.

Cuando se es drogadicto, es casi imposible revertir su situación. Las drogas son tan tentadoras para los adictos que, prácticamente no hay nada que pueda oponerse a ellas.

La solución a los problemas de los adictos no está en el plano personal, sino en el social. Si una sociedad tiene un ancla fuerte que pueda elevar a esas personas y convertirlas en parte constructiva de la sociedad, podrían tener oportunidad. Lamentablemente, no veo esa ancla en la actual sociedad israelí; no tiene nada que ofrecer a los adictos.

Peor aún, por el momento, no veo una sociedad en Israel. Una vez que la construyamos, podremos construir una colectividad para gente sin hogar, drogadictos, prostitutas y todos los desfavorecidos del país.

Por sociedad, no me refiero a instituciones ni a reglamentos. Sociedad quiere decir gente que se sienta conectada, que sienta un vínculo y se apoye mutuamente. Sociedad es gente que esté dispuesta a conocerse. Si tuviéramos gente así, podríamos construir algo.

Cuando traes a un drogadicto a una sociedad así y ve cómo vive la gente, qué quiere, cuáles son sus objetivos y su futuro y, le satisface, en lugar de centrarse en su situación personal, puede tener esperanza y eso lo vitalizará y calmará su incesante necesidad de alejarse de la realidad, con drogas.

En cierto sentido, hará que los adictos se «enganchen» a la vida social, en lugar de a las drogas. Una sociedad en la que la gente se preocupa por los demás tiene un poder magnético tal, que los que la forman no podrán desconectarse de ella. Los drogadictos que se acercan a una sociedad así, rechazan las drogas que los desconectan de la realidad, porque los desconectan de la «poción de vida» que sienten a su alrededor.

Por eso, si queremos resolver problemas como falta de vivienda, drogadicción y prostitución, no debemos centrarnos en las víctimas, sino en la sociedad que las rodea. Esa sociedad determinará si se curan o siguen en ese camino

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