Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Llegó a nuestros hijos

interconexión
Foto de Mladen Borisov en Unsplash

No recibimos el mensaje que envió, sólo temíamos por nuestra salud, así que nos encerramos hasta que la pandemia disminuyó y pudimos salir nuevamente.

Pero no recibimos el mensaje: manténganse alejados; no son buenos con los otros; son malos, así que aléjense. Pero cuando la infección disminuyó, aunque no aprendimos, comenzamos a aliviar el bloqueo y reabrir la economía.

Así que ahora, el coronavirus está tocando a nuestros hijos. En Europa y Estados Unidos, los niños se enferman y mueren de COVID-19. Pronto, será en todo el mundo o como lo expresó Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York, “Hoy, debemos considerar que un brote en cualquier lugar, es un brote en todas partes”.

“Es hora de restablecer la sociedad y dar a cada ser humano lo básico para su vida y para que sea consciente de nuestra interconexión”.

De hecho, la clave para resolver la crisis de COVID-19 es comprender que somos una sociedad integral e interdependiente. Ya pasamos los días de las soluciones locales, regionales o incluso nacionales. Hoy todo es global: la economía, los medios de comunicación, la contaminación y la pandemia. Cuanto antes lo comprendamos, antes resolveremos esta crisis.

No hay un solo problema que no podamos resolver en un abrir y cerrar de ojos, si somos conscientes de que estamos conectados en todo el mundo. Hay comida más que suficiente para alimentar a toda la humanidad, pero preferimos tirarla, cuando no podemos venderla. Hay dinero más que suficiente para garantizar a todos un nivel de vida básico, pero preferimos mantener nuestro dinero para nosotros y dejar que los pobres y los hambrientos se las arreglen solos. Hay combustible más que suficiente para mantener a todos calientes en invierno, frescos en verano y saludables durante todo el año. Hay una poderosa red de Internet que todos podríamos usar para educación y entretenimiento, pero no queremos compartir nuestros beneficios.

Acumulamos y acumulamos, mientras que otros pierden más y más de lo poco que tienen, hasta que ya no pueden mantenerse y se debilitan y enferman. Y cuando eso sucede, finalmente nos afecta a todos. No importa dónde apareció el virus, pues en realidad, no apareció en ningún lugar en particular; apareció en la humanidad enferma en que nos convertimos. Estamos enfermos en nuestra actitud mutua, por eso, enfermos en nuestro cuerpo.

Es hora de dejar de sufrir. Es hora de restablecer a la sociedad y dar a cada ser humano lo básico para su vida y para que sea consciente de nuestra interconexión. Es hora de que todos, como sociedad, nos demos cuenta de que nuestra actitud hacia los demás y hacia la naturaleza, es repugnante. No sólo en el sentido moral, también en el sentido físico. Nos enfermamos mutuamente con nuestros pensamientos enfermos. Les deseamos a los demás lo peor, pero nos quejamos cuando otros nos desean lo mismo.

La única forma de detener esta locura, sanar nuestro cuerpo y sanar nuestra mente, es establecer un sistema educativo complementario. No ofrecerá capacitación profesional. Más bien, se centrará en nuestras habilidades sociales. No en nuestros modales, sino en nuestra actitud. Aprenderemos los beneficios del pensamiento positivo sobre los demás y a nutrirlos dentro de nosotros. Aprenderemos la red de interdependencia de la naturaleza y a construirla entre nosotros. Veremos que la naturaleza preserva el equilibrio en todo su sistema, que cada sistema mantiene el equilibrio con los otros y aprenderemos a formar nuestro propio sistema social y a cooperar armoniosamente con otros sistemas sociales. Finalmente, aprenderemos que la naturaleza mantiene la salud de cada especie y que podemos mantener nuestra propia salud.

Debemos hacerlo ahora, antes de que mueran más niños, antes de que más personas sufran innecesariamente y antes de que la naturaleza nos enseñe la interconexión con otro golpe doloroso.

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