Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

¿La naturaleza es sensible?

naturalezaLa gente que cree en Dios de la manera en que las religiones se relacionan con Él, le atribuyen sentimientos y pensamientos y se comunican con Él, de la misma manera en que nos comunicamos con cualquier individuo poderoso que determina nuestro destino: nuestro objetivo es complacerlo y a cambio, buscar Su favor. Pero ¿qué pasa con la naturaleza? ¿la naturaleza es sensible? ¿deberíamos complacer a la naturaleza? Y si deberíamos, ¿cómo podemos hacerlo?

La sabiduría de la Cabalá no distingue entre naturaleza y Dios. En el ensayo La paz, Baal HaSulam, gran cabalista del siglo XX, explicó que la naturaleza y Dios son sinónimos, así que cuando hablamos de naturaleza, en realidad estamos hablando de Dios y cuando hablamos de Dios, en realidad nos referimos a la naturaleza. .

Sin embargo, en la sabiduría de la Cabalá, la naturaleza no es un «contador» que comprueba el equilibrio de las acciones buenas o malas y nos recompensa o castiga en consecuencia. La naturaleza es un mecanismo súper inteligente que lo crea todo, lo conduce y lo guía hacia su propósito de total unidad y armonía con la realidad. La naturaleza desarrolla continuamente la creación hacia una mayor complejidad, desde el nivel atómico hasta los niveles; mineral, vegetal, animal y humano.

A nivel humano, evolucionamos como evoluciona la naturaleza.

Primero nos unimos en clanes, que se convirtieron en aldeas, las aldeas en ciudades, las ciudades se volvieron países y hoy, cuando todo el mundo es una aldea global, las personas, los animales, las plantas y los minerales son todos parte de un sistema interdependiente. Nos convertimos en un mecanismo único, enhebrado y entrelazado a través del mundo.

Además, este mecanismo es evidentemente inteligente. Todo dentro de él, está enlazado y sabiamente ligado con todo lo demás y todas las partes de la creación avanzan en sincronía hacia una fusión cada vez mayor. Así como las hormigas o los bancos de peces piensan y actúan como uno solo, guiados por su inteligencia sincronizada, todo lo que nos rodea opera en congruencia; todo, menos el hombre.

Los humanos son el único elemento de la naturaleza al que se le negó el conocimiento instintivo del bien del mal y de cuándo hacer qué. Pero esto también se hizo con un propósito. El único elemento que falta en la creación perfecta que nos rodea, es la conciencia del propósito de nuestra vida. La conciencia no se puede preinstalar; tiene que ser adquirida. Por eso nacemos sin ningún conocimiento sobre nuestro mundo. De hecho, nacemos tan indefensos que, al principio, ni siquiera podemos alcanzar el pezón de nuestra madre para comer ni defecar sin ensuciarnos. Ningún animal joven es tan indefenso como el bebé recién nacido. Pero, se hizo a propósito, para que aprenderemos desde cero y al final del proceso, alcancemos el cenit de la creación y nos volvamos tan inteligentes como el sistema que nos creó: la naturaleza (Dios).

Dado que la “naturaleza” de la naturaleza es armonía y fusión y dado que debemos tener conciencia de la meta, cuando nacemos, somos totalmente opuestos a ella, para que aprendamos todos los aspectos de la armonía y la fusión.

El problema es que, si bien somos opuestos a la naturaleza, no somos más que una amenaza, destruimos todo lo que nos rodea, como niños sin sentido. Pero a medida que aprendemos a trabajar al unísono, a medida que nos damos cuenta de la vitalidad de la unidad y la solidaridad en nuestra comprensión de la creación, también aprendemos a proceder más sabiamente, de acuerdo con la disposición de la naturaleza y los conflictos que sentimos entre nosotros y con la naturaleza se convierten en viento que nos empuja hacia adelante.

Mientras seamos obstinados, sufrimos. Contaminamos cielo, agua y suelo. Para lograr poder y control, agotamos la abundancia que nos dio la naturaleza; nos usamos y abusamos unos de otros, nos matamos, violamos y nos denigramos como si sólo nosotros tuviéramos derecho a disfrutar de la vida y no dejamos nada para el futuro. Nos comportamos como niños adultos, con cuerpo de adulto, pero con mente de niño.

Si nos enfocamos en la conexión, encontraremos el camino correcto y limpiaremos el desorden que creamos. Si seguimos exigiendo para nosotros mismos y evitamos la disposición de la naturaleza hacia la armonía y la fusión, nuestro creciente conflicto con la naturaleza nos infligirá cada vez más adversidades. Puede que seamos inteligentes, pero muy imprudentes. Si realmente queremos hacer el bien para nosotros, primero debemos aprender lo que sabemos, lo que no sabemos y cómo podemos aprender lo que debemos hacer para ayudarnos a nosotros mismos. Si escuchamos el mecanismo inteligente de la naturaleza, seguimos su trayectoria hacia una mayor cohesión, la vida será mucho más fácil y simple, que los estragos que nos causamos.

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Un comentario sobre “¿La naturaleza es sensible?
  1. Rosa María Lomeli Delgado dice:

    Estoy muy agradecida con todo lo que he aprendido con ustedes. Muchas gracias. Bendiciones infinitas 🙏

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