Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

En la jungla de la política de EUA, el burro y el elefante deben coexistir

coexistir

Cuando el país se divide por la mitad, un bando domina, anula, descalifica y ensombrece al otro. Esto no puede llamarse democracia real, un concepto que por definición debe incluir y acoger la pluralidad de opiniones.

A juzgar por la situación tras las elecciones presidenciales estadounidenses, ¿se puede evitar un choque entre los dos frentes, demócratas y republicanos? No, es imposible. Pero Estados Unidos no es la excepción. Relativamente, sucede lo mismo en todos los países y sociedades del mundo, porque los polos claramente opuestos en las perspectivas de la gente se derivan de la naturaleza humana. Cada lado quiere demostrar que tiene razón y que el otro está totalmente equivocado, una actitud que destruye cualquier posibilidad de alcanzar un entendimiento civilizado. Eso es rechazar la premisa básica de que todo en la realidad tiene derecho a existir, incluso si tiene cualidades opuestas. De manera similar, se debe considerar y valorar la opinión de todos, incluso de aquellos cuyos pensamientos o crianza sean radicalmente diferentes a los nuestros.

La mejor escuela para entender la política y cualquier modelo de interacción humana que realmente funcione para cada uno y para todos, es la jungla. Literalmente. Por ejemplo, ¿quién tiene razón en la naturaleza, los lobos o las ovejas? De hecho, ambos. Los lobos y las ovejas siempre han existido uno al lado del otro, en un espacio común. Los lobos nunca han eliminado a todas las ovejas a la vez; sólo se alimentan de lo necesario para su supervivencia. Es cierto que cuando vemos esa acción en particular, sin considerar el cuadro completo de la naturaleza, uno se come al otro y el más fuerte sobrevive. Pero el principio aquí es que aquello que juzgamos como débil o fuerte no está clasificado por la naturaleza como tal, pues considera esencial a cada elemento. Así, la naturaleza mantiene su equilibrio, asegura que cada parte dentro de su sistema sea importante y tenga un propósito.

De lo contrario, la evolución habría dejado vivas sólo especies poderosas. Pero, por miles y millones de años, los débiles han sido preservados por las leyes de la naturaleza con su reproducción continua, manteniendo su lugar en la creación.

Por otro lado, la historia humana nos muestra que los fuertes no se mantienen para siempre en su posición ventajosa. Imperios han surgido y caído uno tras otro -el imperio romano, el imperio austro-húngaro, el mandato de los egipcios, griegos y turcos- porque la naturaleza evoluciona de acuerdo con su plan general, dependiendo de lo que se necesita para el beneficio general en un momento particular, en una época determinada.

Cabe preguntarse cómo podría construirse una “línea media”, en la que opiniones opuestas puedan converger y coexistir en armonía, en una realidad tan divisiva y hostil como la de Estados Unidos. ¿Cómo podríamos establecer una sociedad en la que nadie menosprecie al otro y todos encuentren un lugar para expresar libremente sus puntos de vista, en un terreno común de respeto y consideración mutuos?

Es claro que el camino que hemos seguido para construir nuestra sociedad, basado en una competencia cruel y en desprecio mutuo, es un caldo de cultivo para conflictos interminables. Por lo tanto, es necesario establecer un nuevo mecanismo de inclusión que debería ser implementado por el liderazgo electo, escuchando las voces y demandas de la gente, poniendo especial atención a las necesidades básicas, independientemente de sus preferencias políticas, un gobierno que represente a todos bajo una misma dirección y techo llamado, Estados Unidos.

La ruptura actual que se está revelando en la sociedad estadounidense, en realidad es una oportunidad única para que todos entiendan que no hay forma de sobrevivir y prosperar a menos que el país se una. En un mundo perfecto, bajo las circunstancias actuales de una contienda electoral marcada por márgenes muy estrechos, la nación no debería ser guiada por una sola dirección. Las principales figuras de los dos partidos políticos deberían unirse para buscar decisiones conjuntas sobre los temas más urgentes que afectan a la sociedad.

Pero eso es una ilusión. La implementación de un proceso así requeriría una educación basada en el sistema integral de la naturaleza, en el que el punto de equilibrio se alcanza precisamente al considerar a los opuestos: pequeño y grande, sólido y líquido, frío y caliente, negativo y positivo. Cuando los opuestos se elevan por encima de sus desacuerdos y diferencias, se revela una fuerza común especial que forma la línea media, es decir, el área común creada para sostener el correcto funcionamiento de cualquier sistema en la naturaleza, el sistema social es uno de ellos.

Esto puede parecer un objetivo utópico. Lo es en este momento, pero, esperamos que más temprano que tarde, tanto los burros como los elefantes se den cuenta de que no están destinados a actuar de acuerdo con el instinto visceral ni a devorarse unos a otros como lo hacen otras especies, para lograr equilibrio. Por el contrario, los seres humanos están destinados a entender que necesitan acercarse, no porque se amen profundamente, sino porque la alternativa es una situación insoportablemente explosiva, de lucha constante. Y, debería ser del interés común superar las diferencias y encontrar la fuerza conjunta para sobrevivir y prosperar.

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