Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

De la máquina de vapor a la máquina de relaciones

relaciones

[Merlin Pambuan, enfermera de la Unidad de Cuidados Intensivos, de 66 años, es abrazada por el personal del hospital cuando sale del hospital, donde pasó 8 meses enferma de coronavirus (COVID-19), en Dignity Health – St. Mary Medical Center, en Long Beach, California, EUA, 21/dic//20. REUTERS / Lucy Nicholson

2020 fue la culminación de un proceso de siglos, que empezó con la Revolución Industrial. La tecnología comenzó a avanzar muy rápido, cuando las máquinas de vapor se volvieron lo suficientemente eficientes como para, a fines del siglo XVIII, ser utilizadas en las fábricas de Inglaterra. Desde entonces, la tecnología aceleró su desarrollo. Gradualmente, pasamos de la máquina de vapor y las máquinas voluminosas a dispositivos cada vez más pequeños, pero más poderosos. Aprendimos a usar gasolina, electricidad, desarrollamos componentes electrónicos, computadoras y finalmente, incluso ondas y campos de fuerza magnética. Todo lo que parecía fantasía o ciencia ficción para los adultos educados en el siglo XIX es un hecho para los niños del siglo XXI y el ritmo aún se acelera.

Pasamos de grande a pequeño, a más pequeño, a invisible, pero aún tenemos que encontrar la fuerza que hace que funcione el motor de la realidad. La humanidad está en una encrucijada. Para encontrar el motor de la realidad debemos invertir nuestra perspectiva. Hay un campo de fuerza más por descubrir, pero nuestra perspectiva actual no puede revelarlo por una razón muy simple: estamos buscando en la dirección opuesta. Hasta ahora, hemos observado el mundo exterior y registrado nuestros descubrimientos. A partir de ahora debemos empezar a ver hacia el interior y registrar nuestros descubrimientos sobre la fuerza que nos permite movernos: el campo de fuerza de las relaciones.

Si alguna vez te has preguntado por qué cada innovación de la humanidad siempre es mal utilizada, aquí está la respuesta. Si alguna vez has notado el extraño fenómeno de que las máquinas más poderosas que se han desarrollado resultan negativas y generalmente relacionadas con la industria armamentista, especialmente desde principios del siglo XX, aquí está la respuesta. El campo de fuerza de las relaciones inyecta energía negativa en el sistema, enferma a nuestra sociedad con un veneno que nos obliga a inventar cosas que lastiman a otros. Y a medida que la tecnología acelera su progreso, hay más y más malicia en la sociedad y a un ritmo creciente. Actualmente, esas tensiones se han acumulado tanto, que estamos casi en el punto de ruptura.

La forma en la que nos relacionamos determina no sólo cómo funciona la sociedad, sino cómo funciona la realidad. Por eso, sigo diciendo que ninguna vacuna ayudará a derrotar a la Covid-19, a menos que primero curemos lo que realmente nos enferma: nuestras relaciones. Con nuestra mala voluntad hacia los demás creamos virus. No directamente, por supuesto, sino en reacción en cadena que finalmente, crea el virus y avanza para crear todos los efectos adversos en nuestro mundo, desde guerras hasta terremotos.

No tiene sentido buscar innovaciones tecnológicas para mejorar nuestra vida; sólo se usarán en nuestro detrimento, mientras seamos perjudiciales para los demás. Si alguna vez queremos tener una vida pacífica y feliz, debemos concentrarnos en cambiar nuestras relaciones y como resultado, todo lo que hagamos será mejor.

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