Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

La oportunidad que se nos dio hace 73 años

29 de noviembre de 1947 Israel

Imagen: Judíos celebrando la Declaración de la ONU el 29 de noviembre de 1947

El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de la ONU votó a favor de la resolución, que adoptó el plan para la partición de Palestina y que allanó el camino para el establecimiento del Estado de Israel. Para los refugiados judíos del Holocausto, esa resolución significó la esperanza de una vida más segura en un Estado judío. Para las potencias mundiales, fue una forma de aliviar la carga de su conciencia, porque no hicieron nada para salvar a los judíos durante la guerra y aún, impidieron que escaparan cuando fue posible. Para el mundo, fue un contrato, entre los judíos y la humanidad, no escrito, tácito y quizás inadvertido, donde el mundo daba a los judíos un Estado soberano y los judíos construirían ahí una nación modelo que serviría como «luz a las naciones».

El Estado de Israel se estableció, después de una batalla heroica, en la que la organización paramilitar del asentamiento judío en Palestina, repelió a los seis ejércitos árabes invasores de Egipto, Irak, Siria, Jordania, Líbano y Arabia Saudita, que se unieron a las fuerzas armadas de los residentes árabes de Palestina. Era el momento de cumplir el compromiso de Israel con el mundo.

Fue entonces cuando comenzaron los problemas. Israel había estado plagado de divisiones desde el principio. Los grupos sionistas lucharon entre sí por el poder y por la forma de dirigir la lucha por el establecimiento del Estado de Israel. Cuando Israel recibió la soberanía, estas luchas no disminuyeron, se intensificaron. Las oleadas de inmigración de los países árabes y los países europeos devastados por la guerra crearon nuevos enclaves culturales y cada secta se burló de las otras sectas. Muchos judíos de países pobres, principalmente países musulmanes como Marruecos, Libia e Irak, fueron enviados a ciudades alejadas del centro del país y se convirtieron en lo que se conoce como «el segundo Israel».

En junio de 1967, otra desgracia golpeó a Israel: después de ser amenazado y acosado por los países vecinos y después de darse cuenta de que no había esperanza de evitar otra guerra, Israel abrió fuego. En seis días y con relativamente pocas bajas, Israel derrotó y conquistó territorios en Egipto, Siria y Jordania, incluida la Ciudad Vieja de Jerusalén. Si bien el triunfo militar fue una bendición muy necesaria, la arrogancia que trajo consigo ha sido una plaga de la que no hemos podido librarnos a pesar de todos los años que han pasado y todos los fracasos que hemos sufrido desde entonces.

Esa arrogancia sólo empeoró nuestra separación e Israel se convirtió en modelo de división, alienación, odio interno y malicia, lo opuesto a nuestro objetivo previsto al estar aquí. En lugar de reparar la separación que nos infligió, hace dos milenios, la ruina del Templo y el exilio, nuestro regreso a Israel parece haber revivido la enemistad dentro del pueblo judío y está resurgiendo el antiguo odio infundado.

El pueblo judío es muy obstinado e intransigente. Esta es nuestra naturaleza y nada la cambiará. Tampoco debe cambiar. No se nos dio esta obstinación para nosotros, sino precisamente para que sirva de modelo al mundo. Debemos renunciar a la idea de que alguna vez podemos cambiar la opinión de otros. Pero, debemos centrarnos en fomentar la unidad por encima de nuestros diferentes puntos de vista. Necesitamos enfocarnos, no en esta o aquella moral o ideología, pues eso nos separa. Más bien, ¡debemos esforzarnos por elevar el valor de la unidad misma!

Sólo si nos enfocamos en unirnos por encima de nuestras diferencias, encontraremos el mérito real de esas diferencias, el valor real en cada opinión y los beneficios de unirnos por encima de todo. Si nos unimos por encima de nuestras opiniones opuestas, crearemos una entidad que funcione como lo hace cualquier organismo, donde órganos diferentes y a menudo opuestos, trabajan en armonía para crear un ser vivo sólido y saludable. Si alguna parte del cuerpo se debilita o se desintegra, el ser vivo moriría. Si todos los órganos funcionan al máximo, el organismo estará más sano y fuerte.

Si Israel hace la paz entre sus sectas rivales, el mundo verá y aprenderá de su ejemplo. Si Israel no lo hace, el mundo se arrepentirá de haber aceptado la creación del Estado judío y tomará las medidas necesarias para eliminarlo. Israel, en ese sentido, depende de sí mismo. Sus relaciones internas determinarán su futuro externo. Ningún otro país del mundo está en esa posición.

En hebreo, la palabra Shalom [paz] se deriva de la palabra Hashlama [complemento]. Si las facciones del pueblo judío en lucha aprenden a complementarse entre sí en lugar de competir y desear aniquilarse, se beneficiarán y el mundo se beneficiará y habrá paz, tanto en el sentido de complemento como en el de tranquilidad y buenas relaciones. Si las facciones en Israel no logran unirse por encima de sus diferencias y complementarse, perderemos la oportunidad que el mundo nos dio el 29 de noviembre de 1947 y el Estado de Israel no sobrevivirá.

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Publicado en: Judíos, News

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