Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Nuestro único escudo contra el antisemitismo es la unidad

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Los campus de EE.UU. y Reino Unido, antaño lugares para ilustrarse y para el progreso ideológico de la sociedad, se han convertido en epicentros de una despiadada actitud contra Israel y de un antisemitismo atroz, dos caras de una misma moneda. Se han convertido en un terreno abonado para agendas políticas fundamentalistas patrocinadas por grupos con intereses particulares. La reciente visita de un grupo de mis estudiantes a la Universidad de Oxford confirmó esta percepción. Los profesores judíos con los que hablaron esperan ansiosamente la jubilación debido a la atmósfera hostil y las amenazas contra ellos. Este es un problema que solamente irá a peor a menos que los judíos nos hagamos cargo de la situación y nos unamos.

Algunos de mis estudiantes, en el marco de un proyecto de investigación sobre el antisemitismo, llevaron a cabo en el Reino Unido una serie de entrevistas con académicos y profesores que han tenido que hacer frente al antisemitismo en el mundo universitario. Según sus testimonios (recogidos en un documental que se emitirá a lo largo de este año), han sido víctimas de amenazas y hostigamiento por ser judíos o por apoyar a Israel, un país atacado incesantemente en los campus universitarios estadounidenses y europeos.

El odio a los judíos, disfrazado de la denominada “crítica justificada” a Israel y sus políticas, señala al estado judío con duras acusaciones de “apartheid” y “genocidio”. La “Semana del Apartheid de Israel” afirma haber crecido este año con 200 eventos celebrados en 30 países de los cinco continentes. ¿Y dónde se sitúan los lugares escogidos para esos eventos? Efectivamente: se encuentran en los propios campus universitarios, donde se siembra y cosecha metódicamente las semillas del antisemitismo.

Recientemente, el dirigente de un grupo minoritario estudiantil de la Universidad de Bristol (Reino Unido) cuyo papel es combatir los prejuicios en el campus, le dijo a un estudiante judío que “sea como Israel y deje de existir”. Este no es un caso aislado de intolerancia hacia los judíos. A principios de año, cientos de estudiantes votaron en contra de permitir la creación de una Sociedad Judía en la Universidad de Essex después de que un miembro de la sección de Amnistía Internacional en la universidad británica instara a los estudiantes a rechazarla argumentando que la iniciativa no era “políticamente neutral”. Esto refleja la tendencia que mostraba una encuesta de 2017 a 485 estudiantes judíos en Inglaterra: dos tercios de los encuestados informaron haber sido atacados en el campus por el hecho de ser judíos.

Durante los últimos años, se han invertido millones de dólares en universidades de todo el mundo para avanzar en las agendas antiisraelíes y antijudías. Todas ellas patrocinadas por gobiernos y organizaciones extranjeras cuyo objetivo es avanzar en su agenda y retórica antisemita. Las facultades son permisivas usando el pretexto de la pluralidad pero además, por muy paradójico que pueda parecer, incluso los académicos judíos se están subiendo al carro de apoyar y promover activamente estas causas. A modo de ejemplo, el año pasado, la Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios emitió un comunicado atacando a Israel por vetar a los profesores que son miembros activos del movimiento BDS contra el estado judío.

¿Qué se puede hacer con una posición tan fuertemente financiada y metódica que favorece el antisemitismo y la deslegitimación de Israel?

Como expliqué en un reciente artículo  –“Si quisieras donar para combatir el antisemitismo, ¿dónde sería?”– todo esfuerzo para combatir la creciente plaga de odio hacia los judíos y la demonización de Israel con costosas campañas será inútil. Y la prueba es que, hasta ahora, han sido infructuosas.

Los judíos somos una nación concebida para traer la conexión y la unidad al mundo. Si fracasamos en llevar a cabo esta misión, dicen nuestros antiguos sabios que, entonces, las naciones sienten instintivamente que no hay justificación para nuestra existencia aquí en la Tierra, y se desarrolla un antisemitismo implacable que se extiende a todas las áreas relacionadas con los judíos. Está escrito en El libro de El Zóhar que cuando no llevamos a cabo nuestra misión: “¡Ay de ellos [judíos], porque con estas acciones provocan que haya pobreza, ruina y robo, saqueos, asesinatos y destrucciones en el mundo “(Tikuney Zóhar, 30).

En otras palabras, nuestro único escudo es nuestra unidad. Como está escrito: “La principal defensa contra las calamidades es el amor y la unidad. Cuando hay amor, unidad y amistad entre ellos, en Israel, ninguna calamidad puede sobrevenirles” (Maor Vashemesh).

Antes de la destrucción del Templo, nuestros antepasados ​​desarrollaron un método único para la conexión. No suprimían las características de unos y otros, ni se explotaban mutuamente. Cada uno empleaba sus habilidades individuales para el bien común, creando así una sociedad que apoyaba la realización personal de todos y al mismo tiempo fortalecía el tejido social que la mantenía unida.

Para poder unirnos hoy, no necesitamos suprimir ni atenuar nuestras diferencias. Simplemente se requiere de nosotros que superemos las diferencias que nos separan. En la actualidad, ese mismo método de conexión –simple pero efectivo– que nuestros antepasados ​​perfeccionaron y se comprometieron a compartir con las naciones, es imprescindible para la supervivencia de nuestra sociedad. El mundo nos dice que es hora de regresar a nuestras raíces y reactivar nuestra responsabilidad mutua poniendo en práctica el principio de “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Si así lo hacemos, la verdadera calma y tranquilidad reinarán en todos los campus y en todas las esferas de la sociedad.

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Publicado en: Antisemitismo, News

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