Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Tratar la epidemia de tiroteos en escuelas de Estados Unidos

Las leyes de posesión de armas no resolverán esta epidemia social, la reforma social sí lo hará.

Los tiroteos escolares en Estados Unidos no son más que una epidemia social. El tiroteo en la escuela de Florida fue solo el último de los 18 eventos donde se extrajo un arma en un recinto escolar desde comienzos del 2018, lo que significa que eventos como este han tenido lugar cada 60 horas en diferentes lugares antes de que ocurriera en la escuela de secundaria Marjory Stoneman Douglas.

Echemos primero un vistazo a la tendencia: la masacre de Columbine fue perpetrada por un joven de 18 años y uno de 17, la de la escuela tecnológica de Virginia por un joven de 23 años, la de Sandy Hook por un joven de 20 años y ahora, en Florida, otro joven de 19 años. Estos son solo los grandes protagonistas grabados en la memoria colectiva de Estados Unidos. Entre el primero y el último hubo otros 200 tiroteos escolares más, la mayoría de los cuales siguen el mismo patrón: un joven adulto que se convierte en asesino.

Como con cualquier otra epidemia, para ofrecer una auténtica solución debemos ir más allá de los síntomas y tratar la causa desde su raíz. Y dado que este horrible escenario se da particularmente en Estados Unidos, tenemos que entender qué le sucede a un joven estadounidense antes de que decida coger un arma y disparar a sus compañeros.

 

El alto precio de criar niños en una cultura competitiva

En primer lugar, no podemos conformarnos con tildar el comportamiento de alguien de “malvado”, “sin sentido” o “trastornado”. Los seres humanos son criaturas sociales y a un individuo no se le puede separar de su cultura si queremos comprender un comportamiento que se repite.

En la actualidad Estados Unidos es probablemente la sociedad más individualista y competitiva del mundo. En este clima social de “sálvese quien pueda”, portar un arma se convierte en una extensión del ego humano. Puede compensar los miedos e inseguridades, y ayudar a mantener una sensación de seguridad y confianza. Por lo tanto, tenemos que entender la naturaleza humana de los legisladores estadounidenses, que se acostumbraron a sentir que la forma de protegerse o ser igual a los demás es poseer un arma.

Cuando hablamos de tiroteos en las escuelas debemos entender los factores estresantes que rodean a los jóvenes estadounidenses, sus inseguridades particulares y su fragilidad emocional. Solo por ser adolescentes, ya se encuentran bajo presión para establecer su estatus social y hacer frente a las ansiedades sociales, mientras que sus mentes en desarrollo están tomando conciencia de sí mismos y del mundo que les rodea.

Para colmo, la mentalidad competitiva entra en la escuela y se manifiesta de manera hostil o peligrosa, como el acoso escolar, la exclusión social, la presión de los compañeros para consumir alcohol y drogas, o llevar a cabo otros actos extremos solo para ganar notoriedad o poder, a la vez que están en un sistema que los juzga continuamente a través de exámenes y calificaciones.

Hoy en día muchos adolescentes son diagnosticados con algún tipo de TDAH, ansiedad o depresión. Los diversos tipos de medicamentos psicotrópicos prescritos no resuelven sus problemas. Solo alivian los síntomas, a veces a costa de peligrosos efectos secundarios como adormecer sus emociones y desconectarlos mentalmente de la realidad.

Paralelamente, los niños estadounidenses están volviéndose insensibles a niveles escabrosos de violencia. Para cuando tienen 18 años, ya han presenciado 200.000 actos de violencia, 16.000 de los cuales son asesinatos, y eso solo en la televisión. Añadamos a esto lo que ven cuando van al cine, navegan por la red o juegan a violentos videojuegos.

Entonces, cuando consideramos el impacto de todo lo anterior sobre mentes en desarrollo, que además pueden estar luchando contra circunstancias difíciles de la vida, ¿es realmente impensable que de vez en cuando algunos de ellos estallen y exploten con una violencia horrible?

Por qué las leyes de posesión de armas no son una solución

Cuando las personas sienten que su vida carece de valor, sus actos absurdos reflejan lo peor que les ha enseñado su cultura.

Por lo tanto, incluso con leyes de posesión de armas más duras que se interpongan en el camino de individuos jóvenes e inestables, no estaríamos resolviendo el problema desde la raíz. De hecho, podrían pensar en formas aún más horribles de cometer asesinatos en masa. Y con internet al alcance de la mano, ninguno de nosotros desea imaginar lo que podría ser.

La forma de tratar la epidemia de tiroteos escolares va más allá de las leyes y regulaciones. Estados Unidos debe tratar los importantes condicionantes culturales y sociales que generan estos sucesos iniciando un extenso programa educativo federal que inculque a sus hijos nuevos ejemplos, normas y valores.

Los niños necesitan crecer en un entorno seguro y positivo que evite, en primer lugar, que la competencia hostil se desarrolle. Deben prepararse habitualmente para cooperar, generar confianza y desarrollar la sensibilidad social entre ellos a través de talleres, grupos de debate y proyectos colaborativos. La escuela debe percibirse como una comunidad de apoyo, en vez de un sitio donde se lucha por el éxito individual a la vez que te preocupas por la aceptación social.

Plan Federal Nacional para la Reforma Social

Nuestra educación debe ahora enfocarse en cultivar al ser humano dentro de estos jóvenes adultos. Esto significa construir un sistema de valores dentro de la persona y un entorno social alrededor de la persona que equilibre el ego humano y lo dirija hacia la realización positiva.

Necesitan herramientas y orientación para entenderse mejor a sí mismos y lo que están atravesando, para desarrollar su potencial, encontrar su propia expresión y forjar conexiones significativas y saludables con sus compañeros. Esta capacitación socioeducativa debe convertirse en su principal ocupación, y por lo cual han de ser evaluados en la escuela. De hecho, su sensibilidad social debería convertirse en la calificación inicial requerida para su participación en la sociedad adulta.

Paralelamente, debemos esforzarnos por restringir el acceso ilimitado a visualizaciones de violencia y sangre. Esta es la razón por la cual este esfuerzo debe ir más allá de las escuelas. A los principales medios de comunicación, también se les debería exigir que dediquen cierto porcentaje de su actividad a este programa educativo.

Lo ideal es que sea un esfuerzo nacional, de costa a costa. De manera práctica, tal vez se podría empezar a poner en práctica en una gran ciudad. Pero al menos, comencemos por determinar que ya hemos tenido suficiente, que estamos dispuestos a ir más allá de los síntomas y dar pasos cruciales hacia la reforma social con el fin de contener esta epidemia en la sociedad.

 

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