Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

El aumento de los suicidios tras el de Robin Williams apunta la necesidad de una revolución mediática

 

Una nueva investigación halló  que durante los cinco meses posteriores a que el comediante Robin Williams se suicidara, hubo un aumento de casi el 10% en la tasa de suicidio en los EE. UU., y esto tuvo mucho que ver en cómo los medios transmitieron el suicidio al público.

 

Durante varios meses, los principales medios de comunicación describieron o especularon repetidamente sobre el método y el sitio del suicidio con todos los pormenores, yendo en contra de los estándares básicos establecidos por la Organización Mundial de la Salud sobre cómo los medios deben cubrir este tema.
Las pautas de notificación de los suicidios de personas famosas no se establecieron arbitrariamente. Estudios anteriores ya han demostrado el aumento paralelo entre las tasas de suicidio y la manera en que los medios lo cubren, señalando el riesgo de reforzar las tendencias suicidas debido a la difusión en  los medios.

 

También sabemos que orientar a los medios sobre la manera de cubrir los suicidios tiene una repercusión. Por ejemplo, el suicidio en 1994 de la popular estrella de rock Kurt Cobain, tuvo muy poco impacto en los suicidios en el área de Seattle donde vivía ya que los medios restringieron la cobertura y se acompañó con mensajes de prevención sobre este fenómeno. Por el contrario, el suicidio de Marilyn Monroe en 1962 fue ampliamente cubierto y hubo un aumento del 10-12% en las tasas de suicidio.
Entonces, si tanto la historia como la ciencia están mostrándonos un riesgo tan evidente para la salud pública, ¿qué es lo que está influyendo a los medios para hacer lo contrario?

 

La respuesta debería ser fácil de ver: los medios de comunicación se basan en una cosa llamada índices de audiencia, porque la cuota de audiencia significa dinero. Es así de simple.
Por eso las portadas y los informativos hicieron la noticia lo más sensacionalista posible en el caso de Robin Williams, algunos incluso ofrecieron una versión embellecida de lo sucedido. Todo lo que les pueda hacer ganar más puntos en su batalla por nuestra atención, continuarán haciéndolo.

 

Tristemente, aquellos que tienen tendencias suicidas, aquellos que no son tan fuertes emocionalmente como el resto, son los primeros en sufrir las consecuencias. Pero no son solo ellos, porque todos estamos atrapados en un círculo vicioso: los titulares son cada vez más escabrosos, y nosotros somos cada vez menos conscientes de ello, lo que a su vez impulsa a los productores a crear aún más sensacionalismo, y la bola de nieve simplemente sigue haciéndose más grande.

 

 Robin Williams no ha sido el único con trastorno de personalidad

 

Los medios de comunicación no rinden cuentas a nadie más que a sus accionistas. Mientras esta continúe siendo la realidad, el círculo vicioso seguirá creciendo. Si queremos que la salud pública sea una prioridad real, los medios de comunicación tendrán que colaborar, por ley, con psicólogos, sociólogos y expertos en salud pública cuando se trate de cubrir eventos de esta naturaleza.

 

Pero aún hay más lecciones que aprender del caso de Robin Williams. Al igual que el propio Williams, muchas personas llevan una doble vida, aparentando ser felices por fuera y sufriendo por dentro. Hemos construido una floreciente industria de entretenimiento para mantenernos distraídos continuamente, mientras que la depresión se ha convertido en la principal causa de enfermedad y discapacidad, y es el diagnóstico  más comúnmente asociado con el suicidio.

 

Las redes sociales están fomentando y cultivando nuestra “personalidad múltiple”, algo que nunca antes había existido. Podemos ocultar los sentimientos oscuros y sombríos  detrás de fotos coloridas con filtros brillantes. Podríamos tener miles de amigos en Facebook pero nadie con quien hablar, miles en nuestros contactos pero nadie con quien conectarnos.

 

Tienen que surgir nuevos canales de comunicación

 

Las redes sociales son nuestro mayor entorno común y es especialmente así en la era digital. Tarde o temprano tendremos la necesidad de convertirlo en un ambiente saludable para nosotros y nuestros hijos.
Pero el cambio no puede ocurrir antes de que reconozcamos cuán manipulables somos en manos de los medios de comunicación, que solo se preocupan por los índices de audiencia. Lo queramos o no, los medios de comunicación nos influyen a múltiples niveles, desde nuestra visión del mundo hasta nuestra salud y bienestar.

 

Cuando lleguemos a esta compresión, surgirán canales de comunicación completamente nuevos que se comporten de forma responsable con la gente. Serán canales que reconozcan el papel y la responsabilidad que tienen los medios en la salud pública, en el mantenimiento de un espíritu equilibrado en la sociedad en lugar del sensacionalismo; y lo más importante: contribuirán a la unidad social en lugar de la división.
Internet ya puede proporcionar la infraestructura técnica para esa revolución mediática, pero las personas deben impulsarla primero.

 

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